jueves, 9 de julio de 2026

 

BATALLAS GANADAS DE

       UNA GUERRA PERDIDA

 




     Hoy se cumplen 98 años desde que a Oberá la fundaron. Uno ha vivido en ella los últimos veintiuno, cuando la fundieron.

     En Oberá los que se expresan siempre lo hacen a favor del poder. Por eso viene bien recordar y ponerle nombres propios a cuatro ciudadanos que hicieron otra cosa:

-“Ticha” Bárbaro denunció la impunidad del crimen de su hermana “Marilyn”, encubierto por el poder feudal. Durante años, cada 17 de cada mes (como el 17 de abril en que mataron a Marilyn) encabezó marchas pacíficas pidiendo una justicia que nunca llegó. Se fue el 7 de julio de 2017. Ganó la batalla que lideró el padre Piña en 2006 contra la re-re de Rovira, cuando fue electa convencional constituyente.

-“Rolo” Dalmau vivió en carne propia lo que el establishment obereño es capaz de hacer con tal de defender sus intereses, que no son los intereses de la ciudad. Lo ensuciaron para abrirle camino a Ewaldo Rindfleisch. “Rolo” se fue el 8 de marzo de 2020. Ganó la batalla de la reivindicación. El “demonio” no había sido él. Fue el que vino después.

-Orlando Flosi ejerció como abogado penalista durante más de tres décadas. Al frente de FM Oxígeno bancó la crítica al poder kirchnerista, al rovirista y al de Rindfleisch en el apogeo de los “K”, de Rovira y de Rindfleisch (al que denunció penalmente). Se fue el 9 de mayo de 2024. Ganó la batalla de ser singular: fue el dueño de un medio local que le mojó la oreja al poder local.

-“Pepe” Tarditti fue un periodista que nunca se hizo el otario ante las injusticias que ocurren acá por culpa de gente de acá. Para el periodismo obereño eso es un montón. Se fue el 12 de diciembre del año pasado. Ganó la batalla de que se lo extrañe por partida doble: como persona y como periodista.

     Oberá no progresa porque los que la saquean tienen la ventaja de que casi todo lo que precisan comprar está en venta.

     Pero ellos fueron contra la corriente y, con virtudes y defectos, hicieron más por Oberá que unos cuantos que homenajean por ahí.

     Ganaron sus batallas sabiendo que la guerra estaba perdida.

     Eso es lo único posible en un feudo.

     Tener algunas batallas ganadas.

     De una guerra que está perdida.

 

 

Walter Anestiades

     

   

 

martes, 7 de julio de 2026

 

SIEMPRE TENES QUE DECIR TU MISA

 


     El cineasta Ingmar Bergman nunca olvidó la enseñanza de su padre, un pastor luterano: “Pase lo que pase, tienes que decir tu misa”. 

     Me acordé de eso porque un día como hoy, 7 de julio, pero de hace 35 años, un domingo 7 de julio de 1991, empecé en el periodismo.

     Con unos compañeros de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA empezamos un programa semanal de dos horas, que se llamaba “Fuera de Tiempo”, en una radio de Santos Lugares, en el partido bonaerense de Tres de Febrero, cerca de la casa del escritor Ernesto Sábato. Eran Hugo Macchiavelli (hoy convertido en un reconocido periodista de investigación al que podes ver en el canal La Nación +), Gastón Femia y Evangelina Nieves. Con el paso del tiempo Hugo se convirtió en un hermano de la vida. De Gastón y de Evangelina no sé nada desde hace mucho. El programa era de una calidad fácilmente superable, pero sirvió para empezar a decir nuestra misa.

      En su autobiografía Bergman cuenta que fue con su padre pastor a una iglesia en la ciudad de Upsala, al noroeste de Estocolmo. El religioso que debía dar la misa, con gripe y viendo que había poca gente, quiso dar una misa corta. Bergman padre lo reprendió con la consigna que acompañó a Bergman hijo para siempre: “Pase lo que pase, tienes que decir tu misa. Si es importante para los feligreses, es más importante aún para ti. Si también es importante para Dios, ya lo veremos. Si no hubiera otro dios que tu esperanza, también sería importante para ese dios”.

    Cada uno, en su lugar, tiene algo que debe hacer. Esa es su forma de decir su misa. Para uno solo, diez, cien, mil, o un millón.

     Hace 35 años que, dónde y cómo pueda, hago eso.

     Digo mi misa.

 

Walter Anestiades

 

 

 

 

  

 

  

 

 

 

¿VISTE? PRIMERO SUFRISTE. Y AHORA AMÁS

 

     La Argentina acaba de ganarle a Egipto 3-2 en una remontada precedida de una angustia propia de un mundial de fútbol, donde ser campeón para algunos es un parto, para otros es una quimera y para otros es un delirio. Siempre fue así. Y así seguirá siendo.

     Cuando en el video anterior recordamos la letra de “Naranjo en flor”, un tango escrito por Homero Expósito y musicalizado por su hermano Virgilio en 1944, algunos giles incurables creyeron que los Expósito crearon una apología del sufrimiento. Nada que ver. Ese tango, en la voz del “polaco” Goyeneche como en ninguna otra, nos habla de la búsqueda de la madurez emocional. El amor verdadero que llega después de algún o de algunos golpes. Como termina aquél poema de Lope de Vega: “Quién lo probó, lo sabe”.

     Messi se merece ganar esta copa más que el equipo. Y eso no es bueno. Él empató el partido con el centro al “Cuti” Romero y con su propio golazo. Invita a tener esperanzas el tercer gol, cuando Julián la quitó perfecto en nuestra área, cuando Lautaro decidió tirar el centro y decidió bien, y Enzo cabeceó como el crack que es. Messi está muy solo y necesita de todos ellos. Todos necesitamos de todos.

     Scaloni debe hacerlo un chequeo urgente a este equipo que no funciona bien. Aunque el corazón sí le funciona bien.

     Ahora vendrán Colombia o Suiza.

     Disfrutá. Y preparate para otro esfuerzo emocional que, encima, nadie te garantiza que salga bien.

     Así es la vida. Un esfuerzo impresionante que a veces ni siquiera da resultado.

     Pero así es como se gana.

 

Walter Anestiades







 

sábado, 4 de julio de 2026

 

LA SELECCIÓN PRECISA UN ANCHO DE BASTOS

 


      Hace veinte años que tener a Lionel Messi en la selección es tener el As de Espadas. Antes de que Argentina fuera campeón mundial en Qatar, durante el mundial de Qatar, y después del mundial de Qatar. Pero, después de Qatar y porque el tiempo nos pasa a todos, se me hizo que la selección de Scaloni ya no precisaría tanto de Messi. Y durante bastante tiempo fue así. En las eliminatorias la “Scaloneta” fue un equipo que tuvo un estupendo funcionamiento y no necesitó del mejor Messi.

      Por eso, si algo no me esperaba ver en este mundial es que, a sus 39 años, la selección jugara de un modo tal que nos vuelva a parecer que es Messi y diez más. Pero lo cierto es que, por varias razones y empezando por razones físicas, Julián Álvarez, Rodrigo de Paul, Lautaro Martínez, Gonzalo Montiel, Leandro Paredes y algunos otros están rindiendo muy por debajo de sus posibilidades. Y eso es mucho.

     Yo extraño a Di María. No al actual que juega en Rosario Central. A ese Di María que fue determinante desde la Copa América 2021 cuando, si Messi era el Ancho de Espadas, él era el Ancho de Bastos.

     La selección de Scaloni precisa volver a tener un Ancho de Bastos.

     Cuando Jordania metió el gol del descuento, el 1-2, me pregunté ¿qué hace Paredes como último hombre? ¿Dónde estaban los cuatro defensores? Y ante Cabo Verde, una selección que jugó para ganarse el respeto global, la defensa volvió a tener menos seguridad que Hurlingham después de las siete de la tarde y en ataque, otra vez, podía pasar algo, y pasó algo, cuando la tenía Messi. Él metió el primero y los otros dos goles vinieron de dos córners.

     Ahora toca Egipto y no son once camellos como escriben los giles en las redes sociales. Tienen a Mohamed Salah, por ejemplo. Un número 9 goleador que ganó mucho con el Liverpool inglés.

      En el truco uno puede tener el As de Espadas sin estar obligado a tirarlo. La estrategia consiste en guardarlo para una mano decisiva.

     Esa mano decisiva podría ser ante España, Francia, Brasil o incluso ante esta Colombia.

     La selección precisa tener un Ancho de Bastos.

    Ojalá que contra Egipto, Scaloni nos guiñe el ojo derecho.

 

-Walter Anestiades

-Foto: gettyimages 

viernes, 3 de julio de 2026

 

PRIMERO HAY QUE SABER SUFRIR

 


     La Argentina le ganó a Cabo Verde 3-2 en el alargue y, al terminar, enseguida vino a mi mente la letra de “Naranjo en Flor”: “Primero hay que saber sufrir, después amar…”, un tango escrito hace ochenta años por los hermanos Virgilio y Homero Expósito que apunta a la maduración emocional que implica aprender a sufrir antes de disfrutar del amor verdadero.

    Sufrimos porque los hinchas somos soberbios y no hay ninguna aventura de nuestro pensamiento en el que se considere posible que una selección de un país de medio millón de habitantes debutante en un mundial pueda equiparar la fuerza de un triple y vigente campeón mundial que tiene a Lionel Messi.

     Ganar un mundial no es nada fácil: pasaron 48 años entre el primero que se jugó-Uruguay 1930-y el primero que ganamos-Argentina 1978-. Y pasaron 36 años entre el segundo-México 1986-y el tercero-Qatar 2022-.

     La Argentina se tornó, inesperadamente para mí, messi-dependiente. Creí que después de Qatar el equipo era un equipo y además estaba Messi. Un Messi que ya tiene 39 años.

    Diego de Saavedra Fajardo, escritor español del siglo XVII, escribió que “Más reinos derribó la soberbia que la espada”.

    Scaloni y el plantel tienen claro que en un mundial no desfilas. Los hinchas solemos ser termos y creemos que sí.

    Ahora a festejar. Y a dejar la soberbia de lado. El martes que viene, a la una de la tarde nuestra, jugamos octavos de final contra Egipto. Que corren y meten y no son once camellos.

    Aprendamos a sufrir.

     Para después, seguramente, volver a amar.

 

Walter Anestiades

 

 

 

miércoles, 1 de julio de 2026

 

LA CELO ES UN MAXIKIOSCO DEL PODER




     Hace una semana el portal de noticias Infóber digital publicó un informe inquietante: la entidad que brinda los servicios básicos a una decena de municipios de la zona centro, la CELO, despidió sin causa a la auditora interna después de que esa auditora, y otro contador público, informaran a la presidente y al gerente general sobre irregularidades y una pérdida económica de más de 12 mil millones de pesos en apenas cuatro meses. Amerita explicación.

     Hubo reacciones políticas que incluyeron pedidos de informes del terceto de concejales opositores de Oberá y del comité radical local.

     La CELO se limitó a publicar en Facebook un comunicado berreta, sin firma y mal redactado.

       Pero todo marcha acorde al plan: el CEO de Carlos Rovira en Oberá, Pablo Hassan, sabe cuidar el maxikiosco. Y los integrantes del Consejo de Administración son unos títeres que no hablan porque no pueden. El paso del tiempo, una sociedad desmovilizada y una oposición tímida, reducirán esta vergüenza a un tema del que hablar en las rondas de mate. En los últimos veinte años ya pasó varias veces.

    El sabio Confucio decía que “Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, entonces estás peor que antes”.

    Todos los actores involucrados en el tema saben lo que tienen que hacer, pero nunca lo hacen.

    Por eso no importa cuando leas esto.

    La CELO siempre está peor que antes.


Walter Anestiades 

                         UN PERÓN SIN PERONISMO

 

     En los años sesenta Augusto Timoteo Vandor, un sindicalista de la Unión Obrera Metalúrgica que a fines de la década murió asesinado, impulsó una corriente política conocida como neoperonismo o “Peronismo sin Perón”. Eran los años del exilio de Perón y de la proscripción del peronismo. Una Argentina tomada por las dictaduras militares y sus cómplices civiles. Haciendo un repaso mental de lo que fue un gobierno que no viví (los tres que encabezó el propio Perón) y de los que sí viví (los dos del menemismo y los cuatro del kirchnerismo), se me hace que la Argentina necesitó lo contrario de lo postulado por el vandorismo: un Perón sin peronismo.

     Hoy se cumplen 52 años desde que Juan Domingo Perón se fue de este plano. Él dijo que “El justicialismo no es una persona. Es una doctrina”. Tras aquél lunes 1º de julio del 74, los años por venir demostraron que ese mediodía no solo se produjo el deceso del hombre. También el de la doctrina.

    Nunca antes y nunca después la participación del trabajador argentino en la riqueza nacional (lo que se conoce como distribución funcional del ingreso) fue tan alta como en el gobierno de Perón. Para decirlo más directamente: nunca los trabajadores vivieron mejor que cuando gobernó Perón.

     Casi todo lo malo que se puede decir de Perón es cierto. Pero casi todo lo bueno que se puede decir de Perón, también es cierto.

       Después de él, los gobiernos nacionales de Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Kirchner y Alberto Fernández, los gobiernos provinciales de los feudos del conurbano bonaerense y del norte argentino, y el recorrido por decenas de municipios de todo el país cuyos intendentes la van de peronistas, permitieron y permiten ver, para el que no cierre los ojos, que el peronismo se convirtió en lo que combatía. Que parió dirigentes que hicieron del peronismo una oportunidad de prosperar a costa de sociedades que ni siquiera tienen satisfechos sus servicios básicos. Funcionarios ricos en pueblos pobres. El peronismo dejó de ser revolucionario y se convirtió en el garante de los negocios del establishment.

     El papel aún vigente de Perón en el imaginario social y las horripilantes gestiones de los gobiernos no peronistas-que se limitan a hacer siempre lo mismo: ajustar salarios y jubilaciones y endeudar al país-consiguen que las distintas versiones del peronismo mantengan sus chances electorales a favor de personas que no quieren aceptar que el peronismo que buscan ya no existe más.

     Lástima que se hizo más conocido este relato de una parte del libro que leído el libro, pero Mario Vargas Llosa en “Conversación en La Catedral” pone en boca de su protagonista, Santiago Zavala, la ya popular pregunta: “¿En qué momento se había jodido el Perú?”

      Puede que hoy se cumplan 52 años del momento en que se jodió la Argentina.

 

Walter Anestiades