PECADO DE OMISIÓN
La exauditora
interna Mariela Basila, despedida por su franqueza contable, opinó en radio
Oxígeno sobre el futuro de la CELO: “La van a hacer inviable”, dijo. Hay malas
noticias para los que añoran una cooperativa mejor. La CELO ya es inviable. Y
es inviable no solo por los manejos de los renovadores que de tanta vergüenza
acumulada se cambiaron el nombre. También por los miles de socios que, desde
hace años, cometen pecado de omisión.
Dicen que Oberá es “la ciudad de las
iglesias”. Entonces curas y pastores deben haber predicado la bíblica Carta de
Santiago y ese versículo que dice: “Por tanto, cualquiera que sabe hacer lo bueno
y no lo hace, comete pecado”.
Hay dos décadas de programas de radio,
reportajes, investigaciones, editoriales, charlas televisivas y videos en los
que detallamos lo que pasa en la cooperativa. En internet el que busca
encuentra.
Pasó otra asamblea extraordinaria de la
CELO en la que un centenar y medio de delegados bancaron el hermetismo de una
dirigencia que siempre habla sin decir y en la que treinta mil socios vieron en
videos la protesta de veinte corajudos bajo la lluvia. En la asamblea los
lacayos del alcalde Hassan repitieron el guión que les dieron, ese de que la
contadora Basila dio cifras parciales. Pero nunca dicen, y nunca les preguntan,
entonces ¿cuál es el estado de deuda de la CELO?
Hace poco nos preguntamos si habría 2.500
socios capaces de comprometerse y no tranzar con el poder. No los hay. Nueve de
cada diez están en otra y prefieren bancarse los cortes de luz y agua antes que
hacer algo un poco más ciudadano que chillarle al viento en las redes o poner
el emoji de enojado. En la asamblea aprobaron votar cada dos años. Podrían haber
aprobado votar cada diez. Daría igual.
En la Biblia, que en Oberá parece tener
una función ornamental, Dios tiene un nombre para definir la actitud de esa
clase de personas.
Se llama pecado de omisión.
-Walter
Anestiades
-Foto:
prensa de la CELO
-Captura de
video de Infóber digital de Andrea Ec







