RETROCEDER EN CUATRO PATAS
Christa Pike
es una estadounidense de cincuenta años. Es una comprobada asesina que fue
condenada a muerte en el estado de Tennessee, uno de los 27 estados del país (27
de 50) que mantienen la pena capital en sus sistemas legales. Hace tres décadas
mató a una chica de 19 años llamada Colleen Slemmer. La mató por celos. Pensaba
que quería quitarle al novio. Ideó y realizó un crimen horroroso.
Dicen que, antes de hacer eso, tuvo una
vida difícil. Lo que sí está teniendo es una muerte difícil. Este miércoles,
una hora antes de ser ejecutada con una inyección letal, un tribunal de apelaciones
frenó la acción. Pero, súbitamente, la corte suprema anuló la apelación y el
estado de Tennessee intentó cumplir la pena. Falló. Dos veces. Le aplicaron dos
dosis de pentobarbital y sobrevivió. No se sabe porqué sobrevivió. Está
internada en un centro médico, en estado crítico. Quizás ya haya muerto. Como
una paradoja espeluznante, el mismo estado que quiso matarla ahora quiere
salvarle la vida.
No pasó en un país “bananero”. Pasó en la
primera potencia mundial.
El estado de Tennessee perpetró un bochorno
que debería invitar a la reflexión a los necios que opinan sobre la pena de
muerte con la liviandad de quién opina sobre un hecho baladí. Entre la pena de muerte y la impunidad hay mucho en el medio.
Debe ser nomás como escribió María Elena
Walsh: “Cada vez que se alude a la pena de muerte la humanidad retrocede en
cuatro patas”.
Cuando miro no me gusta lo que veo.
Hay mucho humano retrocediendo en cuatro
patas…
-Walter
Anestiades
-Imagen: Reuters





