sábado, 16 de mayo de 2026

 

   DONALD TRUMP SE CREE JOHN WAYNE

 


     John Wayne excedió el lugar de una estrella de Hollywood para alcanzar la estatura de un ícono cultural de los Estados Unidos y, en especial, de la derecha americana. Es una leyenda atemporal que para muchos estadounidenses representa el símbolo de lo recio y lo varonil. Es el vaquero héroe que se las arregla solo y le sale bien.

     Donald Trump se cree John Wayne.

     Trump no es solo un magnate que llegó, dos veces, a manejar el destino de la mayor potencia militar y económica del planeta. Es, antes que otra cosa, un líder marcadamente histriónico que durante catorce temporadas condujo su propio programa de televisión, llamado “El aprendiz”, por la cadena NBC. Como presidente no pasa un día sin que haga declaraciones impactantes y escriba en su red social. Si gobernar es comunicar Donald Trump es un ejemplo exacto de eso.

      Cualquiera que haya visto sus películas observará que John Wayne tiene una presencia escénica muy poderosa. Donald Trump es igual. Permanece omnipresente en la escena global y no solo por el cargo que ocupa sino por su carácter. Pareciera que el destino de millones de seres humanos dependiera de lo que se le ocurra a él. Y “pareciera” puede resultar una palabra muy tímida.

     Poco afecto a la tolerancia democrática (es de esos que reconoce los resultados de las elecciones solo cuando gana), es un líder que está tan cerca de conseguir hitos históricos como de perpetrar un desastre global.

    En la película “Ella llevaba una cinta amarilla”, que John Ford dirigió en el 49, el personaje de John Wayne, un capitán de la caballería yanqui, le aconseja siempre a sus subordinados: “Nunca se disculpe. Es un signo de debilidad”.

    Si una persona cabe en una frase, esa frase define a Donald Trump.

    


 

Walter Anestiades 

-foto: Reuters

   

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