DONALD TRUMP
SE CREE JOHN WAYNE
John Wayne
excedió el lugar de una estrella de Hollywood para alcanzar la estatura de un ícono
cultural de los Estados Unidos y, en especial, de la derecha americana. Es una
leyenda atemporal que para muchos estadounidenses representa el símbolo de lo recio
y lo varonil. Es el vaquero héroe que se las arregla solo y le sale bien.
Donald Trump se cree John
Wayne.
Trump no es solo un magnate que llegó,
dos veces, a manejar el destino de la mayor potencia militar y económica del
planeta. Es, antes que otra cosa, un líder marcadamente histriónico que durante
catorce temporadas condujo su propio programa de televisión, llamado “El
aprendiz”, por la cadena NBC. Como presidente no pasa un día sin que haga
declaraciones impactantes y escriba en su red social. Si gobernar es comunicar
Donald Trump es un ejemplo exacto de eso.
Cualquiera que haya visto sus películas observará
que John Wayne tiene una presencia escénica muy poderosa. Donald Trump es
igual. Permanece omnipresente en la escena global y no solo por el cargo que
ocupa sino por su carácter. Pareciera que el destino de millones de seres
humanos dependiera de lo que se le ocurra a él. Y “pareciera” puede resultar
una palabra muy tímida.
Poco afecto a la tolerancia democrática (es de esos que reconoce los resultados de las elecciones solo cuando gana), es un líder que está tan cerca de conseguir hitos históricos como de perpetrar un desastre global.
En la película “Ella llevaba una cinta
amarilla”, que John Ford dirigió en el 49, el personaje de John Wayne, un
capitán de la caballería yanqui, le aconseja siempre a sus subordinados: “Nunca se
disculpe. Es un signo de debilidad”.
Si una persona cabe en una frase, esa frase define a Donald Trump.
Walter
Anestiades
-foto: Reuters

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