domingo, 26 de abril de 2020


         LOS QUE TIENEN QUE SALIR      
         PARA QUE PUEDAS QUEDARTE


     
     “De lo que tengo miedo es de tu miedo”, sostenía William Shakespeare y momentos en los que debemos luchar contra una pandemia, como este momento, provocan un temor espontáneo y más que justificado. De modo tal que no precisamos que los propagadores del miedo nos vengan a psicopatear.

     En las últimas horas la provincia de Misiones registró dos nuevos casos de coronavirus. Un matrimonio de San Vicente, ambos internados en el hospital Samic de Oberá. Él, de 61 años, en terapia intensiva, con asistencia respiratoria mecánica y de pronóstico reservado. Ella, de 56, por el momento solo está aislada.

     La difusión de la noticia, tras un par de semanas en el que Misiones no sumó casos positivos a los tres que tenía, disparó una suerte de ataque de pánico colectivo en el que hay que detenerse para analizarlo. Porque la cuarentena obligatoria es a favor de evitar el contacto entre los cuerpos. No el contacto entre las neuronas.

     De los habitantes de Oberá, con fama de ser “la ciudad de las iglesias”, uno esperaría la puesta en marcha de cadenas de oración y rezos a Dios a favor de que el señor contagiado recupere su salud. No. Los que salieron a la palestra fueron unos impresentables que no han parado de quejarse de que “lo hayan traído acá” (“acá” es el Samic de Oberá). Y lo internaron en el Samic de Oberá porque para eso está acondicionado el Samic de Oberá. Y si el sistema de salud de San Vicente no alcanza ya es un poco tarde para acordarse. Otros lo han calificado de “irresponsable” (mínimamente) porque se fue a un lugar como Sao Paulo, Brasil, la ciudad con más casos en el país sudamericano con más contagiados.

     Otros arremetieron contra los médicos y los enfermeros que lo atendieron, proponiendo más o menos que los deporten al planeta Júpiter hasta nuevo aviso porque capaz que se infectaron. Y desde otras partes de la zona centro y de toda la provincia se pudieron leer barbaridades similares y peores. Están ahí, en los comentarios al pie de los artículos de los diarios digitales y en las redes sociales. La historia del mundo nos cuenta que las pestes sacan en algunos lo mejor que tenemos y en otros lo peor que tenemos. No vendría mal aprovechar la cuarentena para leer “Ensayo sobre la ceguera”, un texto de José Saramago que narra muy bien las miserias que afloran cuándo el “sálvese quién pueda” va ganando terreno.

     Por el contrario, el rescate de la racionalidad puede ser un buen reemplazo de la vacuna que no hay contra esta nueva peste.

     Por todos lados aparece la consigna “Quedate en casa”. Consigna que es acertada, que el gobierno nacional dispuso a tiempo, que el provincial está haciendo cumplir, y que todos debemos acatar. No hay que salir, excepto en los horarios y formas habilitadas, manteniendo el distanciamiento social y usando barbijos. Después, adentro. Pero para que millones de personas se puedan quedar en sus casas hay gente, bastante gente, que tienen que dejar las suyas. Veamos:

     -El señor internado en el Samic de Oberá viajó a Brasil porque es camionero y la empresa para la que trabaja, con sede en San Vicente, lo mandó allí. El transporte de cargas está exceptuado del decreto presidencial que le da marco legal al aislamiento social preventivo.  Los camiones  van y vienen de los países limítrofes y  circulan por toda la Argentina porque si no lo hicieran tendríamos desabastecimiento. ¿O alguno se cree que todos los productos que tanto gustan ir a comprar durante el día a los supermercados los produce el dueño del comercio la noche anterior en su casa? Cada provincia necesita de otra y el país de sus socios comerciales. Así funciona. O no funciona.

     -Por el momento no se llegó al disparate de “escrachar” médicos y enfermeros como ha ocurrido en edificios de Buenos Aires. Los médicos y enfermeros deben atender a los sospechados de coronavirus y a los que se enfermaron. ¿Qué? ¿Los profesionales de la salud que se contagian por atendernos también son unos “irresponsables”?  Eso ya es de nivel subnormal. En el rubro salud hay que agregar a los empleados que brindan el indispensable trabajo burocrático. Andá sumando: los que gestionan las prestaciones médicas (por ejemplo internaciones y externaciones y los servicios farmacéuticos y de provisión de insumos que hay en cada obra social), médicos, enfermeros, personal de limpieza para mantener la asepsia de cada lugar. Y etc., etc, etc. Los hospitales y las clínicas no funcionan en piloto automático.

     -Los policías salen a las calles y, a sus tareas habituales, se les sumaron unas cuantas.

     -Los muchachos y chicas que llevan la mercadería a nuestros domicilios. Y los operadores telefónicos. Los motomandados están cumpliendo una labor fundamental: el delivery. Y, por cierto, ninguno se va a hacer millonario en esa actividad.

     -Empleados de farmacias. Trabajadores que nos atienden durante muchas horas todos los días.

     -Los que trabajan en los supermercados. Repositores, cajeros y cajeras, gerentes, cocineros, los chicos que te arman las bolsas o las cajas para que lleves tu compra. Y acá también cabe el etc, etc, etc.

     -Los muchachos que pasan con el camión recolector de residuos a llevarse la basura que dejamos.

     -Los periodistas profesionales que te mantienen informado, en vez de intoxicarte con las primicias de “Carlitos news” en Facebook o con los whatsApps que te envía cualquier gil.

     -¿Te gusta tomar mate? Es una bebida riquísima. Pues para poder seguir tomándolo debe arrancar la zafra y cada sector de la cadena, productores, tareferos, secaderos, acopio y transporte, tienen que salir a trabajar (con los cuidados que corresponden), para seguir abasteciendo al mercado. Como cualquier rubro de la cadena alimenticia.

     -Veterinarios. Empleados estatales. Bancarios. Los trabajadores que nos brindan el agua, la luz y el gas sin los cuales el “quedate en casa” sería un chiste de mal gusto. Y dispensen los que no figuran en este editorial solo por cuestiones de espacio. ¿Vas sumando la cantidad de personas que tienen que salir de sus casas, con lo que invariablemente se exponen al contagio ellos y sus familias, para que vos te puedas quedar en la tuya? ¿Qué? ¿Son irresponsables? ¿O, en rigor de verdad, son un ejemplo mayúsculo de responsabilidad y amor al prójimo, ese amor al prójimo que ahora no se les nota a unos cuantos que gustan de andar todo el día con el Jesús en la boca?

     Según la mitología griega “Pan”, era el semidios de los pastores y los rebaños y de la sexualidad masculina. Capaz de generar un miedo enloquecedor. A él le debemos la formación de la palabra “pánico”, ese temor excesivo que no hace ningún bien y que obliga a estar atentos para identificar a sus propagadores. Desde funcionarios públicos que aprovechan cualquier cosa para hacer politiquería hasta los cuatro de copas que la van de ases escondidos atrás de los teclados. Concientizar  y hacer cumplir las normas son tareas imprescindibles, pero muy distintas del andar patoteando a los demás.

     “No hay nada más parecido a un fascista que un burgués asustado”, decía Bertolt Brecht.

      No dejes que te conviertan en uno…

martes, 14 de abril de 2020

                                "LA MORDIDA"




     “La Tuerca” fue un programa cómico de la televisión nacional, creado por un señor llamado Héctor “Toto” Maselli” (el mismo de “Los Campanelli”), que se emitió tanto en la era del blanco y negro como en la era del color. Lo protagonizaban actores con mucho oficio encima (Osvaldo Pacheco, Vicente Rubino, Tino Pascali, Joe Rígoli, el “Pato” Carret, Julio López, Carlos Scaziotta, Marcos Zúcker, Tristán, Nelly Láinez y Guido Gorgatti, entre otros). Y en sus sketches se retrataban escenas atemporales de la forma de vivir de unos cuántos. En “La mordida” parodiaban la jugada que permitía que trabajos como el cambiar una lamparita, poner un tornillo, o cambiar el vidrio de una ventana, llegaran a facturarse en cifras millonarias. Según la escala jerárquica de la empresa, estatal o privada, cada uno le agregaba a la factura “su parte”. Al laburante convocado para el arreglo le decían “Quedate tranquilo. La tuya está”. Porque a él le pagaban solo lo que le correspondía. Y el primero en la lista de “mordidas” (un inolvidable Vicente Rubino), hacía de su reclamo una constante: “No me dejen afuera”.

     Hace unos días nos volvimos a enterar de otra “mordida”. En plena pandemia hubo miserables y canallas que intentaron llevarse unos trescientos millones de pesos a través de una megacompra de alimentos que hizo el Ministerio de Desarrollo Social. El estado nacional, con el dinero de la gente, compró aceite, fideos, arroz y lentejas a valores muy pero muy alejados de los denominados “precios máximos” que el propio gobierno indica que son de cumplimiento obligatorio. Algunos dicen que los responsables son los funcionarios públicos. Lo son. Otros dicen que son los empresarios. También lo son. “La mordida” precisa de unos y de otros. No se excluyen, se complementan. Pero con una diferencia sustantiva: siempre es el estado quién tiene la mayor responsabilidad. Es el gestionador del bien común, el “arbitro” en el cruce de intereses. Concepto de Educación Cívica del primer año de la secundaria.

     El presidente Alberto Fernández, aprovechando que goza de cierto blindaje  por el cagazo general ante el coronavirus, respondió diciendo cosas que pueden ser ciertas pero que en su boca suenan menos ciertas. Dijo que “debe terminarse el país de los vivos”. Que el ministro Daniel Arroyo es un hombre honesto que debió resolver rápido entre “el hambre de la gente y empresarios que se plantaron”. Y agregó que iban a investigar a los responsables. Tuvieron que echar a quince. Y resultó que entre los quince funcionarios cesanteados (a confesión de parte…) hay un tal Gonzalo Calvo, quién hace apenas un año fue apartado de otro cargo público por el intendente kirchnerista del partido bonaerense de Almirante Brown porque, como ahora, estuvo sospechado de corrupción. ¿Quién lo nombró en el nuevo cargo nacional? ¿Magoya o el ministro Arroyo? Y no hay que perder de vista que esta “mordida” trascendió gracias al periodismo que continúa haciendo su trabajo. De lo contrario nadie se hubiera enterado, el estado hubiera pagado con sobreprecios, y el tal Calvo seguiría en su puesto. Y “sanseacabó”, diría Máximo Kirchner.

     Es lo mismo que sucede por estas latitudes. Si no fuera por unos pocos, como Misiones Cuatro, todo sería propaganda oficialista, ponemicrófonos y cero repreguntas. Uno entiende que a los muchachos que manejan la cosa pública  y a sus ladillas les debe molestar que la prensa no los deje “morder” tranquilos. Los enfrentamientos seguirán entonces porque el periodismo, cuándo se ejerce en serio, es así. “A pelarse”, diría un exgobernador misionero.

     En la Argentina “morder” con la obra pública y sobrefacturar todo lo que la falta de controles republicanos permita es parte de la cultura política. No debería serlo. Buena parte de la sociedad tiene alta tolerancia a la corrupción. No debería tenerla. Y muchos siguen actuando como si la plata del estado la pusiera Dios. Pero no la pone Dios.

     Está bien que el Presidente, que es quién tiene la penúltima palabra, concentre sus energías en el combate al coronavirus a favor de salvar vidas, nada menos. Como también es correcto que el periodismo haga lo suyo. Lo que no está bien es que la oposición, nacional y provincial, juegue al “dígalo con mímica”. Porque no todo es COVID-19.

     Y las audiencias podrían aprovechar estos tiempos de cuarentena para leer algún librito de esos que enseñan civismo. Es más provechoso al alma y a la mente que perder el tiempo intentando justificar con argumentos cada vez más desopilantes  a quiénes muerden donde no deben, solo porque son de su “palo” político. Y si la pereza mental ya no permite leer entero un libro de papel,  en internet hay estupendos resúmenes de los trabajos de Thomas Hobbes, de John Locke, de Jean Jacques Rousseau, o del Baron de Montesquieu. Que fueron unos tipos que escribieron sobre algunas cuestiones de las que sabemos bastante poco.

     “No hay cosa que dañe más a una nación que el astuto pase por inteligente”, dijo el filósofo inglés Francis Bacon.

      Puede que leer en esta cuarentena nos ayude con eso. A ver si conseguimos algunos astutos menos.

      Y algunos inteligentes más.

domingo, 5 de abril de 2020


      LOS EXPERTOS, ¿SON EXPERTOS?



     La experiencia es el nombre que le damos a nuestros errores”, decía el escritor Oscar Wilde. Tremenda experiencia fue la vivida el viernes en todo el país.


       En la semana que culmina se autorizó a los jubilados y pensionados a percibir sus haberes de modo presencial, según la terminación del documento de identidad. También se consintió en que fueran a los bancos los beneficiarios de planes sociales. Cualquiera de nosotros, con mínima información, sabe que los integrantes de esos grupos se cuentan por millones. Descontamos que esto lo deben saber mejor en la ANSES. Cualquiera de nosotros, por información o por experiencia propia, sabe de la desesperación que provoca no poder trabajar y no poder generar ingresos. La cuarentena obligatoria, una más que acertada decisión del gobierno nacional, está dejando a millones de argentinos sin un peso. Y para los jubilados y pensionados, para cualquiera que viva al día, estar dos o tres semanas sin ver un peso es el apocalipsis. Descontamos que esto lo deben saber en los gobiernos. Sea el nacional, cualquier provincial y todo gobierno comunal.

     Pero la autorización a ir a cobrar a los bancos fue una decisión que se tomó demasiado rapidito  y fue ambiguamente comunicada. Primera paradoja: nuestros gobiernos se la pasan cooptando cuánto mass-media pueden y cuánto periodista haya en alquiler, pero de tanto poner el acento en la propaganda no saben hacer lo básico que es informar. Así, cientos de miles de personas salieron a la calle. Desordenadamente. Desesperados. Violando, en un par de horas, la cuarentena que tanto tiempo y esfuerzo nos demanda a todos. Se expuso torpe e irresponsablemente a ese grupo, los adultos mayores, del que nos dicen desde la mañana a la noche, que son los más vulnerables a la acción del coronavirus. De hecho, ya se han enfermado y ya han fallecido los suficientes en nuestro país y en el planeta para avalar ese planteo científico. Segunda paradoja: los medios de comunicación se llenaron de médicos, infectólogos y epidemiólogos que dan cátedra sobre el coronavirus, sus alcances, su dimensión, los modos del contagio, que barbijo sí o barbijo no, que hay que quedarse en casa y que hay que lavarse las manos como si fuéramos la justicia misionera investigando a un pope renovador k. También nos aconsejan no visitar a nuestros padres y abuelos, para no contagiarlos.  Muy bien, entonces ¿por qué ninguno de estos expertos advirtió sobre lo perjudicial que podía ser mandar a tantos abuelos a la calle?

     El presidente Alberto Fernández nos informó que existe un comité de expertos que lo asesora en la pandemia. Cada uno de ellos, reconocidos por la comunidad científica y con trayectorias impecables. ¿Y? ¿Ninguno le dijo nada? ¿O fue advertido y, para decirlo en griego clásico, no les dio ni cinco de pelota?

     Los que gobiernan y los expertos, ¿no se escuchan a sí mismos?

     Dicen que pueden pasar entre cinco días o un poquito más, algunos hablan de un par de semanas, entre el momento del contagio y la aparición de síntomas. Pero también hay portadores asintomáticos. ¿Qué va a pasarle ahora a quiénes fueron expuestos el viernes de un modo tan imperdonable?  Será cuestión de tener más o menos suerte. Que, cómo nos enseñó el escritor Edouard Pailleron, es Dios que mantiene el anonimato.

     Como suele suceder con el kirchnerismo, aún en sus variantes menos tóxicas, nadie renunció a su cargo. Como si nada hubiera pasado. Y sus torpes defensores nos hablan de lo inhumano de los bancos (vaya, ¡que novedad!), del sindicato (como si Sergio Palazzo, el titular de La Bancaria, fuera un militante no de este gobierno sino del de López Obrador en México), y algunos, en su impotencia, caen tan bajo que culpan a los abuelos por no saber o no querer aprender a usar una tarjeta de débito. Por estas horas hay quiénes plantean la necesidad de hacer educación cívica. Mirá vos. Ahora resulta que se acuerdan de “educar al soberano”. Demasiado tarde.

     Hace unos días nos enteramos que el presidente Alberto Fernández tiene un referente intelectual que desconocíamos: ¿Engels? ¿Hegel? ¿Sartre? ¿Kant? ¿Unamuno? ¿Jauretche? No. “Pipo” Gorosito, el entrenador de fútbol que hoy sigue al frente de Tigre en la Primera Nacional (ex Nacional B, ese campeonato que jugaron todos los equipos menos Boca). El Presidente explicó por radio lo que él llama “El teorema de Gorosito”. "Cuando Argentinos Juniors-club del que es hincha- se jugaba el descenso, contrató a Caruso Lombardi. Y a mí, y a los hinchas nos gusta un juego menos especulativo. Luego contrataron a Pipo Gorosito​ y me invitaron a almorzar con él", narró el Presidente. Y remató: "Cuando le expliqué a Pipo lo que me pasaba, me dijo algo que lo adopté para siempre. ‘Si hacés las cosas bien, es muy posible que te vaya bien’. Y a partir de ahí lo llamé el teorema de Gorosito y lo aplico en todo".

     “Si hacés las cosas bien, es muy posible que te vaya bien”.

     Presidente. El viernes pasado hicieron las cosas mal.

     Muy mal…

domingo, 29 de marzo de 2020

                                    MOJADA DE OREJA  


     ¿Qué pensará Carlos Eduardo Rovira del pueblo misionero que hace un par de décadas le entregó las llaves de la provincia para que haga y diga lo que quiera?

     El lunes 9 de marzo, cuando se inauguró la Escuela Secundaria de Innovación en Posadas (con la presencia del titular de la Cámara de Diputados de la Nación, Sergio Massa), el señor feudal de Misiones quiso hacer un chiste. “Los que me conocen saben que siempre que tomo el retiro estival recorro el mundo. No voy a decir donde estuve porque por ahí me ponen en cuarentena”, declaró, y soltó una sonrisa fresca y amplia que fue compartida por los aplaudidores de siempre. Y también por el mismísimo gobernador Herrera Ahuad. Epa che! Fue una broma nomás. No. No fue solo una broma.

     En el barrio sabemos que, además, fue una mojada de oreja.

En otras editoriales como ésta y en el archivo de Misiones Cuatro se puede recorrer el historial de acciones de Rovira, ejecutadas directamente o a través de sus lacayos, que evidencian que hace más de tres lustros que dispone del poder absoluto y que los controles republicanos parecen un decorado institucional. La historia habla.

   En 1999, cuando se postuló por el justicialismo, a Rovira lo ungieron gobernador unos 220 mil misioneros. Fue reelecto en 2003, ya consumada la mejicaneada al PJ y a la UCR de la que surgió la renovación, por otros 220 mil. En 2007 fue electo diputado provincial, cargo que no abandonaría más, con 170 mil votos. En 2011 lo votaron 365 mil electores. En 2015 casi 440 mil. Y hace nueve meses, en junio de 2019, lo reeligieron como legislador provincial casi medio millón de misioneros. Y en cada diciembre, desde 2007, fue electo, reelecto y recontra reelecto titular de la Cámara de Representantes por amplia mayoría hasta que en diciembre de 2019 se dio el gusto: fue electo por unanimidad.  

    No hace falta mucha lucidez para observar y entender el panorama mediático de la provincia. Con el poquito periodismo que queda no habla ni por equivocación. Y se presta a entrevistas en las que mi sobrinito de nueve años sería más incisivo que los comunicadores que le ponen el micrófono.

 Todo lo que podía cooptar ya lo cooptó. Y más allá del último traspié-serio traspié-en los comicios nacionales de octubre, y de la desaparición de una Stella Maris Leverberg que le brindó servicios indispensables en su construcción de poder, su liderazgo territorial es uno de los más consolidados del país.

     Los renovadores y sus soldaditos de plomo andan algo molestos por la proliferación de las llamadas “fake news”. Que son pura basura, es cierto. Hay mucha gente que está al cuete y en cuarentena hay más. Pero les molestan solo porque no son a favor. Es que estos muchachos carecen de autoridad moral para explayarse sobre el asunto, a favor de que el aparato de propaganda que armaron hace años no es otra cosa que una suerte de gigantesca “fake news” mantenida con el dinero de todos. Se me vienen a la cabeza las “inauguraciones”, así en plural, del hospital Samic de Oberá. Por ejemplo.

     Nos preguntábamos líneas arriba acerca de qué opinará Rovira del pueblo que, mayoritariamente, le ha dado tanto poder por tanto tiempo. Puede ser apasionante llegar a la respuesta. ¿Qué pasará por la cabeza de un líder cuando observa tanta sumisión?

     En el barrio el mojar la oreja equivale a desafiar al otro mojando un dedo de la mano con saliva y tocando con él la oreja de ese otro.

      Cuidado con la incitación a la obsecuencia al poder camuflada en “la necesidad de enfrentar juntos a esta pandemia del coronavirus”. Mucha alabanza fácil “al Alberto”. Mucha elogio apresurado “al doctor Herrera Ahuad”.

“Y es lo pior de aquel enriedo
Que si uno anda hinchando el lomo
Se le apéan como un plomo...
¡Quién aguanta aquel infierno!
Si eso es servir al Gobierno,
A mi no me gusta el cómo”

     Así dice Martín Fierro y habrá que hacerle caso.
     Si dejarse mojar la oreja es servir al gobierno.
     A mí tampoco me gusta el cómo.


domingo, 22 de marzo de 2020

                       DE REPENTE, EN EL VERANO 

     “Dejen que China duerma, porque cuando despierte, el mundo temblará”, dijo Napoleón Bonaparte atento al impresionante potencial del país asiático. Hoy se lo puede parafrasear, pero en un sentido contrario al que tuvo su observación. China despertó hace rato y hoy conviven en ella la segunda economía mundial, abierta al libre mercado sin rubores, y un sistema de gobierno tan dictatorial como el que pergeñó Mao Tse Tung. Y en las dictaduras, como en los feudos, es difícil saber lo que realmente pasa.

Oficialmente se cuenta que en diciembre pasado un nuevo tipo de coronavirus afectó gravemente a trabajadores de un mercado mayorista de mariscos, dónde se venden animales exóticos vivos, ubicado en la provincia de Hubei, en el sur de China. Parece que después la globalización y la fenomenal capacidad de contagio del nuevo virus fueron haciendo lo suyo hasta obligar a la Organización Mundial de la Salud a declarar la pandemia el 11 de marzo. La Italia rica del norte, con la suma de un gran flujo de turistas asiáticos más unos gobiernos y unos habitantes que se tomaron el asunto en serio a destiempo, la convirtieron en una de las zonas más afectadas del planeta. Y ahí anda el coronavirus, la palabra vedette del verano, contagiando y matando gente por todos lados.

     ¿Y en la Argentina? El presidente Alberto Fernández tomó nota de que su ministro de Salud, Ginés González García, primero quedó mal declarando que la pandemia no iba a llegar rápido a estas latitudes y después quedó peor reconociendo que la realidad lo sorprendió. De modo tal que se puso la comunicación al hombro y es él quién habla e informa de las medidas que se toman en un país en el que cuatro de cada diez ciudadanos son pobres y unos cuántos ni siquiera tienen agua potable para lavarse las manos las veces que sean necesarias al día. La cuarentena dictada por el Presidente en las últimas horas es una medida prudente y correcta.

     Pero está chocando con la cultura de la transgresión, fomentada durante años por muchos dirigentes, por ejemplo Cristina Kirchner, que hasta ahora sigue más preocupada por obtener la impunidad perdida para ella y los suyos que por la pandemia que afecta a los argentinos y a las argentinas. Hace demasiado tiempo que se legitima esa estupidez de que la opinión personal está por encima de los hechos y de las normas. La idea del acatamiento a la ley, de un día para el otro, en algunas cabezas no va a entrar.

     ¿Y en Misiones? Hasta ahora el coronavirus, que no registra ningún caso confirmado y cuyos responsables políticos están lejos, sirve para no hablar del dengue, que registra unos cuántos y que fuerza a ponerles nombres propios a responsables que están muy cerca. En Oberá, ejemplo concreto, el gobierno comunal tiene en la prevención del coronavirus toda la actitud que no tuvo en la prevención del dengue.

     El sistema de Salud Pública de Misiones consiste en dos muy buenos hospitales en Posadas-el Madariaga y el de Pediatría-y resto de la provincia con salitas y hospitales en dónde los trabajadores, miserablemente pagados, hacen lo que pueden con lo poco que tienen, de modo tal que cualquier patología superior a una fractura de tobillo obliga a derivar al paciente a la capital. El resto es bla-bla-bla del aparato de propaganda, pseudo-inauguraciones y un pueblo que se queja en las redes, pero no en las urnas.

     Inquieta pensar que en Misiones hay que enfrentar la pandemia con la salud pública en manos de Oscar “seis casos de dengue” Alarcón. Funcionarios que ante un mal endémico eligieron esconder la realidad no parecen los mejores para luchar contra algo que tiene tantos interrogantes. Y por aquí también hay muñecos que creen que los chicos siguen de vacaciones y que la cuarentena es una estupenda oportunidad para ir a la plaza a tomarse unos mates.

     ¿Qué va a pasar? Nadie lo sabe. Solo hay incertidumbres más ilustradas que otras, nada más. Pero, de repente, en el verano 2020, nos encontramos todos en nuestras casas, en cuarentena, enfrentando a un enemigo invisible que nos desafía y fuerza a suspender casi toda nuestra rutina. Un enemigo con forma de virus para el que aún no hay vacunas.

     Pero hay que recordar que los argentinos estamos fogueados en la complejidad que imponen los malos momentos. No nos tiran así nomás…

     “Si te tiran diez veces, te levantas
      otras diez, otras cien, otras quinientas…      
      No han de ser tus caídas tan violentas
      ni tampoco por ley, han de ser tantas”.

      Lo escribió el argentino Pedro Bonifacio Palacios, “Almafuerte”, en “Avanti”.


     El coronavirus vino para quedarse lo más que pueda. Y si somos prudentes y solidarios, y una mayoría racional le gana a una minoría irresponsable, la pandemia nos va a tirar diez, cien. Y quinientas veces.

     Pero nos vamos a levantar. Diez, cien. Y quinientas veces.

domingo, 15 de marzo de 2020

                                  REBELDES  CON CAUSA 

     En la ciudad de Oberá el paro docente que se extendió durante toda la semana fue el de mayor acatamiento en los últimos tres lustros. Poner a Oberá de ejemplo no es azaroso. Se trata de la sede del cuartel general de Adomis, la agrupación que bajo el liderazgo de Stella Maris Leverberg copó el gremio UDPM y lo puso a cogobernar con Carlos Rovira.

     Hace mucho tiempo que los salarios de los maestros misioneros están pauperizados. Los de casi todos los trabajadores de la provincia, claro, pero cada sector deberá hacerse cargo de su patético conformismo y de lo que hará o no hará para salir de él. Y los incrementos que el estado renovador otorga siguen siendo miserables por más que el aparato de propaganda incite a los trabajadores a mantener jubiloso el ánimo.

     No es casual que la rebeldía aflore ahora en cantidad como nunca antes. La desaparición de “Marilú” Leverberg es el mayor golpe político que Rovira recibió desde que en 2006 el padre Piña y compañía le arruinaron la reelección eterna en el ejecutivo, pese a que se las ingenió para conseguirla en el legislativo. 

     Leverberg, astuta y carismática, supo tejer una urdimbre vigorosa en donde los “del palo” recibieron todo y los otros nada. Así el gremio mayoritario de la docencia misionera adjudicó cargos y más cargos a mediocres y chatos que, a conciencia de que sin el acomodo político no darían la talla, hicieron de la adoración a su persona un verdadero culto. Este grupo, con docentes militando día y noche para los candidatos renovadores, se convirtió en una pieza electoral indispensable para garantizar triunfos. Lo saben muy bien alcaldes como el de Oberá, Carlos Fernández, y muchos otros. Pero el pasado viernes 3 de enero, cuando caía la tarde, el esquema se rompió.

     Por debajo de esa estructura de poder existía mucha docencia postergada, disconforme, maltratada y sometida por el miedo. Por eso las circunstancias del verano 2020, combinadas, les permiten un desahogo inédito. Protestan como siempre, pero molestan como nunca.

     Al oficialismo no le quedó otra que dejar de ningunearlos y convocarlos a un diálogo para este miércoles 18. Veremos que sucede. Veremos si surgen líderes sindicales con las convicciones bien firmes, los cojones necesarios y una astuta estrategia comunicacional que los proteja de comerse operaciones políticas. Y veremos si son capaces de lograr mejoras que se verifiquen en el bolsillo de todos. Sacar a los sindicatos del lado del mostrador en el que atiende la patronal, para devolverlos a su función de defensa de los derechos de los trabajadores, no va a ser ninguna cosa fácil.

     Por eso, y en virtud de la demostrada capacidad de los hacedores del feudo misionero para domesticar rebeldes, conviene ser cauto y esperar a ver si el esperado traspaso masivo de vasallaje a ciudadanía en la docencia se agota en expresiones de deseo o se verifica en hechos concretos.

     Mientras el mundo se enfrenta a una nueva pandemia, mientras el país depende de un “asombrado” Ginés y Misiones de Oscar “seis casos de dengue” Alarcón, los docentes misioneros tienen una chance sustantiva de lograr que los ciudadanos que defienden sus derechos tengan mejores resultados que derrotas dignas.

     En “La Sociedad de los Poetas Muertos”, el profesor Keating aconseja a sus alumnos: “carpe diem”. Que en latín quiere decir “aprovecha el día”.

     Vamos. Que los días perdidos ya son demasiados.

     



domingo, 2 de febrero de 2020


                      MEJICANEADAS



      “No temo al infierno por sus penas, sino porque es un sitio donde no se puede amar”. Así describió Santa  Teresa de Jesús al averno. Así funcionan las cosas en la renovación misionera. Y en el kirchnerismo también. Nada es por amor. O se conforman con la parte del negocio que les toca. O traicionan.

     El verano del 2020 tiene a nuestra dirigencia política expectante. A ver qué pasa. El gobierno del Frente de Todos empezó repitiendo el error de sus antecesores: ante la falta de un plan económico capaz de crear riqueza y trabajo (y sin más para repartir no queda otra que seguir ajustando) intenta tapar su temprana inoperancia con un relato que demonice a Macri. Que hizo lo mismo con Cristina Kirchner. Y si bien es cierto que el peronismo tiene permiso para ajustar-incluso a los jubilados- también lo es que, a la larga, billetera mata relato.

     Juntos por el Cambio ya demostró que no supo ser oficialismo. Ahora deberá demostrar que sabe ser oposición.

     Y mientras el panorama nacional muestra a Cristina Kirchner ansiosa por zafar definitivamente de tener que justificar lo injustificable en las distintas sedes judiciales, están volviendo a la función pública y están saliendo de prisión personajes recalcitrantes. En paralelo, Alberto se muestra capaz de argumentar a favor de algo y a favor de lo contrario. A la manera de un lacayo se esfuerza para servir a quién lo puso donde está.

     En Misiones Carlos Rovira tiene que cuidarse de que no aparezca otro Carlos Rovira. Debe estar muy atento a los movimientos de Maurice Closs. Y a los del kirchnerismo misionero, que podría hartarse de seguir siendo la prostituta y pretender ser la dama. Al minuto y medio de haber asumido Herrera Ahuad, Rovira dejó en claro que su candidato para 2023 vuelve a ser Passalacqua. ¿Su voluntad seguirá siendo la ley suprema? Por supuesto, esta dirigencia hegemónica sigue contando con la ventaja de que la oposición misionera, si es que tal cosa continúa existiendo, se niega a tomar ácido fólico. Todo está muy atado a la marcha de la economía nacional, pero si la UCR y el PRO continúan paveando en las redes sociales, haciendo cada uno la suya, y disfrutando de su quintita en vez de ir por más en la discusión del poder real, las elecciones provinciales y comunales seguirán siendo una mera interna entre los renovadores K y los K renovadores. El radicalismo viene de la claudicación histórica de haber contribuido a que Rovira sea reelecto en el parlamento por unanimidad (con la esperanzadora ausencia de Gustavo González). ¿Y los demás? El peronismo no kirchnerista no maneja ninguna “caja”, lo que en un sistema clientelar  equivale a participar en vez de competir. ¿Y el PAyS? Bueno, un poco de humor siempre es saludable.

     En Oberá el alcalde Carlos Fernández hace lo que se le da la gana. Desde cubrir políticamente a Rindfleisch para que los desmanejos que él mismo denunció en campaña queden impunes y que todo se olvide. Hasta hacerle pagar a los contribuyentes el agujero fiscal que dejó su antecesor sin explicar el origen de la deuda y lograr que los contribuyentes lo amen por eso. O, incluso, poner a su hijo en una secretaría y que en vez de recibir las debidas críticas lo feliciten a él y al nene. Ya lo hemos dicho: el doc Fernández es el nuevo buen amo de Oberá y, sin contralores de ninguna especie, la comuna depende de su auto-regulación. En la política obereña, desde hace rato, Fernández juega sólo. La dirigencia opositora al alcalde nos recuerda a “Bernardo”, el compañero de “El Zorro”. ¿Por qué ayudan a un héroe a combatir las injusticias? No. Porque es muda y se hace la sorda.

     En lo periodístico Misiones se tutea con el apagón informativo. A los obsecuentes crónicos del poder provincial se les suman ahora los del poder nacional. El poco periodismo que queda brinda información fidedigna que interpela al poder de hoy, pero la debe confrontar con el cuento obsesivamente divulgado de que todo lo malo que sucede por acá sigue siendo culpa de Macri y de Puerta. Y ese absurdo de querer dispensar a quiénes manejan la cosa pública misionera desde hace veinte años tiene el irresponsable aval de una mayoría social pusilánime y ganada por la distracción. A medrosos y a acomodados les es más conveniente enojarse con aquellos que ya no manejan ni el poder ni la “caja” que hacerlo con quiénes tienen con qué perseguirlos y disciplinarlos. También lo hemos dicho: la mayoría no son renovadores, son oficialistas porque es lo más fácil y lo menos arriesgado que hay.

     Por más que la tentación de profetismo siga gozando de buena salud, la realidad es que en la Argentina nadie sabe que va a pasar, a partir de que el gobierno tampoco sabe bien que va a hacer, y entonces cierta dirigencia no tiene del todo claro con quién se tiene que acomodar. 

     Por ahora son solo amagues. Pero ante la pregunta fundante de la renovación K,  ¿a quién hay que traicionar?

     Todavía no hay respuesta.