domingo, 27 de septiembre de 2020

 

                LA DEMÉRITOCRACIA

 


     El filósofo estoico Séneca, tutor y consejero del emperador Nerón, postuló que “Un mediocre jamás se recupera de un éxito”. Algo de eso les está pasando a un par de Fernández de nuestra política. A Alberto, el Presidente de la Nación. Y a Carlos, el alcalde de la ciudad misionera de Oberá. Políticos mediocres que, electoralmente, han tenido más éxito del que se merecen. Y no se pueden recuperar.

    El Presidente, cuando apunta contra la denominada “meritocracia”, no está planteando una discusión ideológica o filosófica. Está siendo práctico como siempre lo fue. ¿Qué es ser un político práctico en la Argentina del siglo XXI? Es cuando un señor inescrupuloso se acomoda a las circunstancias, pretendiendo que sus descaradas contradicciones verbales y fácticas se vean no como un vicio sino como virtud. Alberto Fernández fue designado por Cristina Kirchner para ser la cara presentable que se le ofrecería a un electorado cándido y desmemoriado. Alberto se maneja como si una década de profundas críticas a todo lo que ahora elogia constituyera una simple anécdota. ¿Esperar que alguien que se mueve así sea un entusiasta del mérito? Cuidado con algunas esperanzas.

     El intendente de Oberá acaba de pasar las horas más tensas de su casi lustro de mandato. Aunque la huelga de cinco días de los empleados municipales terminó de la única manera que podía: para trabajadores que no cobran ni siquiera la mitad de lo que vale hoy una canasta básica alimentaria cualquier aumento es una buena noticia. La desesperación de cobrar un salario miserable en una ciudad cuya oferta laboral es cero, volvió a ser la mejor aliada de los funcionarios renovadores. Hace veinte años el establishment obereño eligió a Ewaldo Rindfleisch porque era uno de los suyos. En 2015 esa misma “crema” de Oberá eligió a Carlos Fernández para que no levante ninguna alfombra. La sociedad que le permitió todo a Rindfleisch después votó a Fernández para olvidar. Votó para olvidar. Carlos Fernández es una buena persona y un estupendo médico. Y eso es todo.

     El recorrido de los Fernández no es muy diferente del de otros apellidos de nuestra política. Hay que entender que ni Alberto ni Carlos están en la política para enriquecerse personalmente. Están en el poder por el poder mismo. Por lo que significa llegar a intendente, gobernador, diputado o presidente. Su capital político habita en sus cervicales. En un cuello bien flexible para poder girar la cabeza lo suficiente y no tener que ver lo que hacen otros. Lo sabe Cristina. Y Rindfleisch también.

     Para hacer política con estos objetivos, aceptar ser garante de la impunidad de otros a cambio del progreso político propio, no se puede reclutar gente tuteada con el mérito. Se necesitan milicias curtidas en el demérito.

     Así aparecen Martín Guzmán con la “sarasa” o Juan Ameri, el diputado “chupateta”, entre tantos. Es increíble que se  pierda de vista que la jefa política de Alberto es Cristina. Y que el jefe político del Carlos de Oberá es el Carlos de Posadas. Como si eso no quisiera decir nada.

     Que nadie le pida al Presidente otra cosa que no pase por impulsar la impunidad de los kirchneristas porque para eso está donde está y será cuestión de los electores evaluar por qué se comieron el amague. Que nadie le pida al Intendente de Oberá ningún cambio radical porque lo votaron para hacer gatopardismo. Los obereños no pueden esperar los beneficios de ningún proyecto de ciudad porque lo que hay es solo otro proyecto de poder. La carrera política de Fernández irá para adelante. Pero Oberá se quedará donde está.

     Si nuestra sociedad busca de verdad que cada uno reciba lo que merece la vienen pifiando horrible en el cuarto oscuro. ¿Qué no había opciones? Correcto, entonces a bancarse lo que vino y lo que vendrá. Y habrá que aceptar que el debate sobre el concepto de meritocracia exige una profundidad que hoy está demodé.

     Hace once meses 12.946.037 argentinos consagraron a Alberto Fernández como presidente. Hace quince meses 18.520 obereños reeligieron a Carlos Fernández como alcalde de la segunda ciudad de Misiones.

     “Tragan sin digerir. Ignoran que el hombre no vive de lo que engulle, sino de lo que asimila”, advierte José Ingenieros, preocupado por la educación, en “El hombre mediocre”.

     Ese es el plan.

     Que traguen. Sin asimilar.

 


    

domingo, 20 de septiembre de 2020

 

               EL CÁNTARO A LA FUENTE

 


     “Border” es una palabra inglesa que significa “frontera”. Los psicólogos la usan para definir la frontera entre la neurosis y la psicosis.

     Hace mucho que la sociedad argentina vive en esa frontera. La de una locura latente que en cualquier momento le pasa por arriba a cualquier intento de freno racional. El actual gobierno, en manos de Cristina Kirchner, estimula como nadie la provocación. Usando, nada menos, el poder del estado para hacerlo. Lo repetimos: hasta ahora las cosas no pasaron a mayores solo porque el grueso de cierta dirigencia opositora pone la otra mejilla.

     El presidente Alberto Fernández se parece cada vez más a esa presidente que supo ser su ahora vice. No habla. Provoca. No tranquiliza. Enerva. No consensua. Decreta. No cree en el pronombre “nosotros”. Cree en el pronombre “ellos”. Está a la vista que no fue una esperanza sino un delirio que algunos confiaran en que Cristina Kirchner iba a elegir a un candidato a presidente para que la controle él a ella. Como contrariando al poema de Pablo Neruda. “Nosotros, los de entonces, somos los mismos”, podrían decir Cristina y Alberto.

     En su última sesión el Senado, de mayoría kirchnerista, se cargó a tres jueces que habían investigado al kirchnerismo. ¿El argumento para la gilada? Que el trío había sido erróneamente trasladado por el entonces presidente Macri. Como si el hecho de que una acordada de la Corte Suprema de Justicia de la Nación avalando esos traslados fuera una anécdota baladí. La misma Corte que ahora acompaña la jugada k con su silencio.

      Algunos, con malicia, preguntan por los motivos de los reiterados “Banderazos” contra el gobierno. A ver. Pensemos un poco. La inflación en aumento. El súper cepo al dólar. La pérdida de empleo. La inseguridad creciente. Los impuestos. El fomento del odio a la clase media. La desfachatez con la que se busca la propia impunidad. El avasallamiento a la propiedad privada. El condenado Amado Boudou haciendo un programa de radio. Una cuarentena que ya cumplió medio año y que, nos dijeron, se implementó para evitar tener lo que ahora tenemos: un país que es el décimo del planeta en cantidad de infectados de coronavirus y el decimocuarto en cantidad de fallecidos por coronavirus. Y un gobierno que no tiene a la palabra “autocrítica” en su diccionario porque la culpa siempre la tiene otro. ¿Hay que seguir buscando motivos o con estos alcanza?  

     Interesante lo que ocurre en Misiones. Por estas latitudes no se sale a defender las instituciones provinciales ni comunales (las nacionales sí) pero las protestas salariales de los docentes y de otros empleados públicos dejaron en evidencia como nunca que la mayoría no gana ni para cubrir la canasta básica de alimentos. Que en Misiones se paguen  salarios que son de los más miserables del país ha sido marca registrada de los gobiernos de Rovira, Closs, Passalacqua y de Herrera Ahuad. Al respecto cabe preguntarse, ¿qué llevará a las tres cuartas partes de los votantes, porque ese ha sido el caudal electoral de los nombrados, a conformarse durante tanto tiempo con las miguitas que les tiran quiénes comen del gran banquete gracias a su voto?

     Macri fue castigado por la sociedad y perdió las elecciones. Ahora los responsables de administrar la cosa pública son otros y la vienen pifiando. Por este camino es una quimera pensar en el éxito. Pero podrían fracasar mejor.

      El gobierno es legítimo y habrá que votar diferente, cuando sea el momento, si se está disconforme. Pero no tiene ningún derecho a mojarle la oreja a quiénes no lo votaron. Sin embargo, se dedica a cargar cántaros llenos de provocaciones.

      Y los lleva a la fuente…

 

 

Walter Anestiades

Ilustración de Nicolás Eugenio Aguilar 

    

domingo, 13 de septiembre de 2020

 

             LA PAZ NO ES LA QUIETUD

 


     “Comprendo que en la vida, se cuidan los zapatos, andando de rodillas”

      Así canta Julio Sosa en la mejor versión del tango “¡Qué me van a hablar de amor!”

      Invierno de 2020. Plazas, calles y rutas de Misiones se llenaron de docentes que marchan, protestan, hacen asambleas y quieren vivir mejor. Tienen derecho a vivir mejor. Andan de pie, Julito. Caminan gastando los zapatos porque el futuro de los pibes no se negocia.

     El pasado 3 de enero Stella Maris Leverberg se fue para siempre y aquellos que treparon por tener las manos rojas de tanto aplaudir al poder, más que blancas de tiza por enseñarle a los pibes, quedaron desprotegidos como nunca.

     Leverberg, por años a cargo del mayor gremio docente de la provincia y dos veces electa diputada nacional, tenía carácter y una retórica sencilla pero eficaz. Eso le permitía cargarse al hombro acuerdos salariales miserables y, sin embargo, dejar a los disconformes como desubicados. Pero ahora las desdichas de la educación misionera se advierten desde los Montes Urales y ya no se las puede tapar. De hecho, mucha gente protestando contra el gobierno durante mucho tiempo, no es algo que en la Misiones del siglo XXI se haya visto todos los días.

     El salario básico del docente misionero acaba de pasar, acuerdo sindical mediante, de siete “lucas” mensuales a nueve mil doscientos. Un incremento roñoso que solo puede dejar conforme a gente que deba favores. Al resto no le queda otra que gastar los zapatos.

    La “pax” romana (“paz” en latín) era la que los conquistadores romanos imponían a los pueblos sometidos. Era la quietud del yugo.

        Ya veremos si los docentes en lucha consiguen lo buscado. Pero no se quedan mansos y calladitos por la “concordia” impuesta.

        Saben que estar en paz y quedarse quieto son dos cosas diferentes.

     Muy diferentes.

-Walter Anestiades 

-Ilustración de Nicolás Eugenio Aguilar

       

domingo, 6 de septiembre de 2020

 

LA CAUTIVANTE MITOLOGÍA RENOVADORA

 


     La palabra mito deriva del griego “mythos”. Se trata de un cuento, de relatos de hechos maravillosos protagonizados por personajes sobrenaturales o extraordinarios. El Frente Renovador de la Concordia, espacio fundado en 2003 por el tándem Rovira-Closs, ha sabido autojustificarse en una narrativa que se apoya en creencias muy arraigadas en la sociedad misionera. Ahora, en tiempos de una crisis económica que convierte a las explicaciones más o menos racionales en una frazada corta, el mito de “Misiones zona franca” puede resultar muy conveniente.

      Sobran los anuncios de remedios mágicos. En la Argentina toda, por cierto, pero pongamos los dos pies acá. El elixir es bien recibido por una sociedad fogueada en la injusticia a la que curas y pastores animan con la esperanza de pasarla bien en otra vida. Creencia sumamente funcional al poder político. Para no joderlo con reclamos, exigencias y protestas en esta vida. Carlos Rovira ha sido siempre, en este sentido, un eficaz pregón. Esta vez una publi-nota aparecida en un diario nacional sirvió como refuerzo de la habitual propaganda provincial. “Misiones libre de impuestos”, es la expresión popular del nuevo mito.

     El gobierno de Herrera Ahuad, el lacayo de Rovira 2019-2023, pidió al estado nacional la creación de una zona franca en todo el territorio misionero para eximir de impuestos nacionales a las empresas locales que formen parte de la cadena exportadora y para los proveedores. Además de la reducción del I.V.A y del Impuesto a las Ganancias.

     Como en cada canto de Estela Raval, detrás se escuchó el coro de los Cinco Latinos. Los empresarios-clientes del estado, sindicatos que juegan para la patronal, la pseudo-oposición y los publicistas que la van de periodistas.

     En contraste con el mito, la realidad misionera nos mostró a policías, docentes, empleados judiciales y de salud protestando, marchando y cortando rutas a favor de reclamar que, por lo menos, lo que cobran alcance el costo de una canasta básica.

           


    Más de tres lustros renovadores en el gobierno y los sueldos que se pagan en la provincia son de los más bajos del país. Claro. Con esa realidad mejor refugiarse en la mitología.

     Acechados por el relato kirchnerista que intenta desembarcar en Misiones-un relato hacia 2023 en el que por primera vez no está Rovira-, los renovadores deben seguir creando “mitos convenientes”, como sugería Platón.

     Pero el único mito que sigue reflejando a los trabajadores misioneros es el de Sísifo. Aquél que Albert Camus nos enseñó que trata de la desgracia de un hombre  condenado por los dioses a quedar ciego y empujar una enorme piedra hasta la cima de una montaña, para que vuelva a caer y volver a subirla hasta la cumbre, para que vuelva a caer y así a perpetuidad. Así vive el laburante.

       Cada quién sabe qué creer. Pero a la realidad nunca le preocupó que nos escapemos de ella.

     Sabe que, tarde o temprano, siempre nos alcanza.

 

domingo, 30 de agosto de 2020

 

¿QUÉ TE PARECE OTRO CHISTE, MURRAY?

 


     ¿Qué resultados se obtienen cuándo se cruza a chicos menores de edad con una sociedad que abandona la educación, vota corruptos, tolera la impunidad y a la que no le importa el futuro?

     En la semana que se va el Consejo Federal de Educación, organismo que reúne a los titulares de las carteras educativas del estado nacional y de cada estado provincial, determinó que ningún alumno repetirá de año. El ministro de la cartera nacional, Nicolás Trotta, y sus pares de los veinticuatro distritos del país resolvieron que quiénes cursan séptimo grado de la escuela primaria pasen a primer año de la escuela secundaria, y quiénes cursan el último año de la secundaria “tendrán actividades de formación que podrán extenderse hasta marzo de 2021” y la promoción se definirá el año que viene.

     Hace décadas que el deterioro del nivel educativo argentino se tornó imparable. Con una disparidad entre las posibilidades que brindan algunos institutos privados y las que pueden ofrecer las escuelas públicas, que la pandemia de coronavirus expuso de un modo categórico. El abandono de la exigencia, en nombre de una pseudo-inclusión, generó camadas de chicos con una alarmante pobreza de vocabulario, serias dificultades para comprender un texto (y no el “Ulises” de James Joyce sino el diario de cada mañana), y con escasa cultura general. Esto es algo que casi todos se niegan a aceptar, lo que agrava la situación. Los gobiernos porque ven a la inteligencia como un rival de sus proyectos de poder. Los padres porque quieren resultados, ergo, que el nene o la nena se reciban de algo aunque el título que consigan tenga más respaldo legal que pedagógico. Los sindicalistas porque concentran sus energías en su progreso personal haciendo política para el gobierno que les gusta, en chillar solo cuando gobierna el que no les gusta, y en forjar docentes que se conformen con percibir salarios miserables (de lo que deriva la actual protesta de cierta parte de la docencia misionera, por ejemplo). Y a los pibes tampoco les preocupa la situación porque todos fuimos pibes y adorábamos al “profe” que nos eximia fácilmente y detestábamos al que nos exigía y nos reprobaba. Como se verá, más allá de las posturas políticamente correctas, la educación le importa de verdad a no más de cuatro personas.

     La pandemia le vino como anillo al dedo a este instalado sistema de facilidades que es nuestro sistema educativo. Donde el que sabe aprueba y el que no sabe también. Dónde el docente exigente es un marginal. Dónde ciertas escuelas y ciertas universidades públicas mantienen un alto nivel no gracias a los gobiernos, sino a pesar de los gobiernos. Y dónde en los colegios privados se es más cliente que alumno.

     Algunos ahora tienen miedo de que los chicos vuelvan a las clases presenciales porque resulta que seis meses de cuarentena están dejando unos números distintos a los prometidos: se va agosto y la Argentina, arriba de los cuatrocientos mil infectados y de los ocho mil muertos, es el undécimo país del planeta con más casos de coronavirus y el decimoctavo con más fallecidos.

    Se va el 2020 y la gran mayoría de los chicos no pisará un aula. En la cuarentena muchos tuvieron actividad intensa a favor de las posibilidades virtuales del colegio en el que estudian. Otros no pudieron ni soñar con eso porque las computadoras se enchufan y para eso se necesita electricidad y conectividad. Algunos todavía no se enteraron que las maravillas tecnológicas no están al alcance de todos los argentinos. Una desigualdad que les debería dar a los funcionarios públicos una vergüenza que no les está dando.

     Todo apunta a que cientos de miles de pibes sigan pasando de grado, de año, y recibiéndose, pero aprendiendo poco y nada. Que, una vez más, el discurso nos dirá que no habrá promoción automática pero la realidad nos dirá que sí. Volvió la “timba”, se pueden recorrer cientos de kilómetros para hacer turismo interno, se acude en barra a tomar cerveza o lo que venga a un pub, en quince días se reinicia la Copa Libertadores, pero no hay ni habrá clases presenciales, y a nadie le importa. En los mass-media está más presente el futuro laboral de Messi que el seguir siendo un país que apuesta a la ignorancia disimulada. Nada nuevo, pero por extendido, peor. Y para nada inocuo.

      ¿Te cuento otro chiste Murray?

     ¿Qué resultados se obtienen cuándo se cruza a chicos menores de edad con una sociedad que abandona la educación, que vota corruptos, que tolera la impunidad y a la que no le importa el futuro?

     Se obtiene lo que puta se merece.

   


domingo, 23 de agosto de 2020

                    ¿QUÉ ES EL TIEMPO? 


     El acto de desobediencia, como acto de libertad, es el comienzo de la razón”, postuló el psicoanalista Erich Fromm. La propaganda oficialista, cada vez más inverosímil, intenta presentar a la marcha del lunes 17 desde varios lugares. Todos, con el común denominador de la irracionalidad. Fue exactamente lo contrario. Hay que estar bien cuerdo para desafiar la suerte que tienen unos patoteros de estado a los que se les mueren los jueces y los fiscales que los investigan y también los testigos que declaran en su contra. Hay que estar bien cuerdo para exigir libertad ante la mirada atónita de tantos esclavos conformes. Hay que estar bien cuerdo para no dejarse psicopatear por quiénes llegaron al extremo de impedir que un padre pueda darle un último beso a su hija antes de morir, en nombre de la “defensa de la vida”. Hay mucha resistencia a comprender que en la Argentina eso que llaman “locura” suele estar más en el cobijo de los despachos que en el frío de las calles.

     “No temo al infierno por sus penas, sino porque es un sitio donde no se puede amar”, dijo Santa Teresa de Jesús en el siglo XVI. No estaba definiendo solo a los dominios de Satán. También definió al kirchnerismo y al Frente Renovador de Misiones. En la semana el misionero Sergio Lanziani fue despedido de la Secretaría de Energía de la Nación. Lanziani creyó que podía desafiar a Rovira amparado en el kirchnerismo. La pifió dos veces. A Rovira no se lo desafía, se lo obedece. Y si los protegidos del kirchnerismo jugaran al golf, Lanziani nunca pasaría de ser un “caddie”. El ingeniero nuclear está comprobando en carne propia que la política vernácula valora más a los inútiles que obedecen que a los capaces díscolos. Si pretendía independencia se equivocó de partido y ahora Rovira mandará a sus soldaditos de plomo a darle la estocada final en los medios.

      “La historia es la maestra de la vida”, reflexionó el sabio Cicerón. En el proyecto de “reforma judicial”, así llamado porque ponerle “plan de impunidad para Cristina” quedaba feo, la ahora vicepresidente vuelve a intentar lo mismo que cuando era presidente: controlar a los mass-media que no se le someten. Vía uno de sus lacayos estampó una cláusula en la que los jueces deben denunciar al Consejo de la Magistratura cualquier “presión mediática”, no solo institucional o política. Y la hizo redactar de un modo tan impreciso que, en los hechos, significaría una clara intimidación al trabajo de los periodistas. Esto es más difícil de entender en esos lugares donde ya hace años que el Poder político es el editor en jefe. En resúmen, la historia personal de los Kirchner muestra que primero en la ciudad de Río Gallegos, luego en  la provincia de Santa Cruz, y después en toda la Argentina, el periodismo que informa lo que pasa y no lo que ellos quieren es un enemigo clásico.

     Casi cuarenta años ininterrumpidos de democracia y todavía hay que salir a la calle para proteger los derechos básicos que una pusilánime dirigencia opositora no defiende con la debida severidad. Van veinte años de poder feudal de Rovira y algunos aún no entendieron de qué se trata ser renovador. Pasaron treinta años desde que el matrimonio Kirchner viene ocupando los más altos cargos públicos y hay gente que sigue desdeñando lo que nos enseña su historia: que detestan y combaten a fondo a cualquiera que pretenda controlarlos. Por ejemplo, los periodistas.

      “¿Qué es el tiempo? Si no me lo preguntan lo sé. Si me lo preguntan, no lo sé”, decía San Agustín.

     Nos está llevando mucho tiempo ya no el progreso, sino el evitar que se profundice más la decadencia. El intentar retener lo poco que nos va quedando.

     En la Argentina el tiempo es eso que seguimos perdiendo…

 

 


 

 

 

domingo, 16 de agosto de 2020

 

     LE CONTAMOS A LES CHIQUES LO QUE

   ALGUNXS CALLAN POR MIEDO A ROVIRA

 

     El debate sobre la validez del denominado “lenguaje inclusivo” va tomando temperatura. A veces tanto que habría que hisoparlo. Entretenidos con este amarrete intento de estimular una sociedad más incluyente, son bien pocxs los preocupadxs por cuestiones educativas concretas que lo ameritan. Por ejemplo, el escaso vocabulario de una cantidad considerable de argentinxs. Las nauseabundas faltas de ortografía (en redes sociales y en los teléfonos celulares se escribe en una suerte de dialecto aún indescifrable). La pereza mental. Y la autocensura hija del fundado temor a las secuelas de decir lo que se piensa. Encima, este 2020 concluirá sin clases presenciales, de modo tal que el ya sistemático abandono de la exigencia educativa encontró en la pandemia un aliado inesperado.

     Ya que estamos en Oberá, provincia de Misiones, deberíamos preguntarnos si los chicos, las chicas, o les chiques, están al tanto de ciertos hechos de la política y de la vida social comunal y provincial de los que gran parte de les politiques, periodistes y  maestres, nunca hablan. Por aprietes, por paranoia, o por algún tipo de complicidad, hay temas que en Oberá y en Misiones son tabúes. Y lo son en cualquier tipo de lenguaje.

     ¿Qué tal si intentamos hacer una breve reseña de tres o cuatro canalladas impunes y silenciadas que hay por acá, en un lenguaje inclusivo del que sabemos muy poco? A ver cómo sale. A ver si les chiques se van enterando…

-En 2003, cuando Carlos Rovira fue reelecto gobernador pero por un nuevo espacio político, armó una justicia a su conveniencia. Echó al fiscal de estado que lo molestaba para poner a une que lo deja más tranquilo que tres miligramos de bromazepam. Y en la corte provincial nombró a su exmaestre de Biología y al apoderade de su partido político. En estos días en los que se discute mucho la reforma judicial que pretende el kirchnerismo, se supone que los misionerxs deberían repudiarla decididamente porque sufrieron en carne propia un intento de impunidad como el que busca Cristina Kirchner, sacando a jueces y fiscales molestos para poner compañerxs.

-En la ciudad de Oberá, entre politiques, periodistes y el establishment, armaron una campaña fenomenal para entronizar a un tal Ewaldo Rindfleisch. Les salió tan bien que Rindfleisch fue electo tres veces alcalde, dejó al municipio y a la cooperativa CELO saqueadxs y destruidxs, elle y sus dos esposxs prosperaron, se llevaron la recaudación de la Fiesta Nacional del Inmigrante cuántas veces quisieron, y elle nunca debió explicar nada. Dos veces intentaron convocarlo en el parlamento provincial pero oficialistxs y opositores se unieron para blindarlo. Dos veces. Un obereñe, Ramón Escobar, lo denunció en la justicia, pero los expedientes duermen una regia siestita. El gobernador Passalacqua lo premió con un cargo provincial. Y ahora en Oberá gobierna alguien del mismo partido, que en vez de impulsar una mirada retrospectiva, les hizo pagar la deuda heredada a les contribuyentes sin investigar nada y lxs insta a mirar “para adelante”. Y todxs miran para adelante nomás.

-En abril de 2004 a “Marilyn” Bárbaro la golpearon y la enterraron en su casa. Elle tenía problemas motores y dicen que fueron unxs nenxs de mamá. Pero de una con poder, así que ellxs no fueron. Hace poco el tribunal que quedó a cargo de lo que quedó del caso falló que no hubo alevosía cuándo a “Marilyn” le rompieron la cabeza a golpes y la enterraron aún viva. En tiempos de tanta declamada defensa de los derechos de la mujer el femicidio ícono del feudo renovador k no está en ninguna agenda institucional. Ni en comisiones de diputadxs, ni en ninguna universidad pública. Sus derechxs humanxs, y los de su familia, como el derecho a la justicia, fueron olvidados. Ninguna mujer misionera con cierta cuota de poder la nombra ni por acto fallido. Raro, ¿o se debe decir rare? 

-En marzo pasado le ministre de Salud provincial, Oscar Alarcón, fue a Oberá y en plena epidemia local de dengue, dijo que “había seis casos”. Hasta les propies mosquites sintieron vergüenza al escuchar semejante disparate. ”Nosotres estamos llenxs de casos”, decía la gente, mientras les periodistas obereñes que le ponían los micrófonos se hacían les boludes, sin repreguntxs.

      Hay mucho más, por supuesto, pero mejor no abrumar a les chiques. En su Teoría de los discursos sociales, el semiólogo argentino Eliseo Verón explica que toda producción de sentido es social y que todo fenómeno social contiene un proceso de producción de sentido. Lástima que, al tiempo que pretendidxs almas sensibles y progresistas nos vienen a hablar de inclusión social, nosotrxs sigamos buscando casi en soledad el sentido de ciertos fenómenos sociales misioneros. Faltan otrxs que hagan lo mismo. Mientras crece la preocupación por cómo se habla, nos sigue preocupando el cómo se calla.

       Se necesita que haya otrxs que hablen de ciertas cosas con el lenguaje y con la gramática que prefieran.

     Contala como quieras.

     Pero contala…     

 

 

-Walter Anestiades   

-Ilustración de Nicolás Eugenio Aguilar