domingo, 11 de octubre de 2020

 

                           LA LLAGA EN EL DEDO 



           

 

     Este lunes habrá un nuevo “banderazo” nacional contra el gobierno de Cristina y Alberto. Gobierno que no pega una pero que cuenta con la ventaja de gozar de los habituales permisos sociales de los que no gozan otros gobiernos, traducido en la “comprensión 2020” de los “enfadados 2019”. Entre los muchos motivos que justifican la protesta se encuentra la defensa del republicanismo.

      En Misiones también habrá protesta. Que en Oberá, por ejemplo, se traducirá en bocinazos. Estupendo. Bienvenida sea la preocupación y la movilización ciudadana de argentinos que quieren lo mejor para su país. Pero, ¿por qué nunca hay protestas en defensa del republicanismo en Misiones? ¿Por qué en Oberá moviliza lo nacional mientras lo local provoca quietud? ¿Qué pasará que las injusticias perpetradas a mil kilómetros causan una reacción que no despiertan las que se perpetran a muchos menos kilómetros en Posadas o a un par de cuadras en cada municipio?

     Llamativo. En el parlamento provincial algunos diputados parecen estar más al tanto de lo que hacen Macri o Cristina que de lo que hace Rovira. Aunque lo tienen sentado enfrente una vez por semana.

     Cuando en mis redes sociales pretendo compartirle a mis contactos editoriales como éstas, críticas del poder renovador, algunos me han escrito “no quiero tener problemas”. ¿Qué clase de problemas puede tener un habitante de Oberá o de cualquier parte de Misiones porque se le comparta un texto que habla sobre el gobierno provincial o el comunal? ¿Qué? ¿En Misiones también peligra la libertad o ya no hay libertad? ¿No sería entonces un motivo más que convocante para levantar el traste de la silla frente a la computadora, dejar el celular para llamadas, y exigir libertad con la voz, la cara y el cuerpo?

     Recuerdo cuando el ciudadano Ramón Escobar convocó a marchar en Oberá a favor de que la justicia le dé celeridad a las causas que él le inició al exalcalde Rindfleisch. A la primera, en el invierno de 2017, fueron apenas treinta personas. A la segunda, en el otoño de 2018, fueron solo tres (?).

     Hay periodistas que son críticos del poder en sus redes sociales pero que son acríticos en los medios donde trabajan. Hay personas preocupadas por el copamiento de la justicia que el kirchnerismo pretende por allá, pero despreocupadas del que la renovación concretó hace años por acá. 

     Esta semana, a favor de lo que deben declarar los legisladores nacionales ante la Oficina Anticorrupción, se supo de la evolución patrimonial del senador misionero Maurice Closs. ¿Y el patrimonio de los funcionarios provinciales? Desde el gobierno de Julio César Humada, en 1989, en Misiones rige una ley que impide el libre acceso a la declaración patrimonial de los funcionarios públicos. Pasaron tres décadas y la ley no se cambió. Y tampoco se oyen muchas voces pidiendo que la cambien. En su momento se destituyó al Fiscal del Estado Jorge Lloyd Wickström y se lo reemplazó por…, ¿sabés por quién? Vos, habitante de Misiones con inquietudes políticas. ¿Sabés como se llama el actual Fiscal de Estado de tu provincia? Parece que estos asuntos republicanos no inquietan al setenta por ciento de los electores que vienen reeligiendo lo mismo una y otra vez hace más de tres lustros.

      Dicen que la artista mexicana Frida Kahlo sostuvo que “Ojalá que lo que estés buscando, valga lo que estés perdiendo”.

      Los ciudadanos obereños y misioneros están buscando una Argentina mejor. Para no perder lo recuperado.

      Deberían buscar lo mismo en Oberá y en Misiones. Para recuperar lo perdido.

 

 

domingo, 4 de octubre de 2020

 

                  ESTADO vs ESTADO

   



    ¿Me “quedo en casa” o viajo a alguno de los estupendos destinos turísticos de Misiones?

     El mismo gobierno que repite de la mañana a la noche el slogan “quedate en casa” a favor de prevenir los contagios de coronavirus, promueve que se haga turismo interno de un extremo al otro de Misiones. Y en esos extremos se encuentran las ciudades que acumulan la gran mayoría de los casos de Covid-19: Posadas y Puerto Iguazú.

     En Oberá, por ejemplo, no se puede manejar diez cuadras para ir al cumpleaños de la tía, el primo o la abuela porque las reuniones favorecen el contagio. Correcto. Pero se puede manejar unos trescientos kilómetros para ir a las Cataratas del Iguazú, cumplir un protocolo y listo. O se pueden hacer cien kilómetros para ir a Posadas. Y viceversa. Si, como nos dicen los científicos, “la única vacuna por ahora es el aislamiento y el distanciamiento social”, “aislarse” y “distanciarse” con doscientas personas en las Cataratas, a varios kilómetros de casa, suena contradictorio, ¿no?

     ¿Qué hacemos? ¿Invitamos a parientes y amigos a que vayan al Parque Termal de Oberá, por ejemplo, o nos quedamos en casa como manda la cuarentena?

      El ministro de Salud, Oscar Alarcón, dijo que en Misiones no hay “circulación comunitaria” del virus. Sin embargo, se sabe que la palabra de “seis casos de dengue” está algo devaluada. Y se sospecha que el esfuerzo por informar los “nexos epidemiológicos” de cada infectado, que van en aumento, está a minutos de ser un esfuerzo inservible.

    La religión y la ciencia coinciden en la relevancia de la verdad.

     Obviamente no es fácil obtener sinceridad de un gobierno que regala pauta para que cualquier gacetillero escriba que ahora la economía misionera se está reactivando como en ninguna parte del país, cuando los trabajadores no ganan ni para cubrir una canasta básica alimentaria. Pero la coyuntura sanitaria amerita sinceridad.

     El desplazamiento del virus hacia el interior de la Argentina obliga a tomar definitiva conciencia de que la pandemia, por definición, es un suceso real y grave y que entonces hay que cuidarse de los modos que a esta altura todos sabemos. La irresponsabilidad social es una eficaz aliada del coronavirus. Pero como aliada puede ser superada por la irresponsabilidad de los funcionarios. Que la preocupación ciudadana entonces no se limite a los pares y que también ponga la lupa en los que mandan.

     Oberá, por ejemplo, volvió a tener infectados  después de cuatro meses. Una locutora de una radio local y un par de empleados judiciales. Si no se puede viajar a otra provincia y si se viaja al volver hay que hacer catorce días de aislamiento domiciliario, no se puede ir a países limítrofes, nos dicen que no hay circulación comunitaria en ningún lugar de Misiones, Oberá no tenía casos desde hacía rato y el turismo interno se hace respetando los protocolos sanitarios, la pregunta es ¿cómo se contagiaron los obereños?

     Urge que el gobierno provincial y los comunales definan políticas coherentes, con normas cumplibles y con sentido común. Con controles que no sean al voleo. Y que asuman que la verdad puede ser más tranquilizadora de lo que suponen.

     Como todo gobierno feudal, la renovación basa su propaganda en la hipérbole, que es una palabra que viene del griego y que significa “exceso”. Es una figura retórica que consiste en exagerar algún aspecto de la realidad ya sea aumentando o disminuyendo alguna conducta o situación. Hace poco presentaban a Herrera Ahuad como “el médico argentino que frenó al Covid-19”.

      La realidad es que en Misiones el virus se metió igual aunque el gobernador sea una persona bien intencionada, un buen médico, o aunque merezca el Nobel de Medicina. Y echarle toda la culpa a la sociedad por el aumento de casos, una sociedad donde por supuesto que hay mucho inconsciente, pero hacerlo para relevar a los administradores de la cosa pública de toda autocrítica, es una estrategia canallesca.

     La cantidad y calidad de sus bellezas naturales convierten a Misiones en una provincia turística por excelencia. De modo que intentar cuidar a la industria sin chimenea está muy bien. Pero se va a precisar inteligencia para proteger tanto a la salud como a la economía. A las dos. El Presidente de la Nación dijo en abril “prefiero tener diez por ciento más de pobres que cien mil muertos”. Los pobres son más del cuarenta por ciento. Y los muertos ya pasaron los veinte mil.

      Para el filósofo Francis Bacon  “nada hace más daño a una nación que los astutos pasen por inteligentes”.

      Habrá que estar atentos a la evolución del virus, a lo que hace la sociedad, y a las medidas que se toman para cuidar a una población agotada y con sus recursos en retirada.

       Este es un gobierno en el que sobran astutos.

       Que la van de inteligentes.

 

 

domingo, 27 de septiembre de 2020

 

                LA DEMÉRITOCRACIA

 


     El filósofo estoico Séneca, tutor y consejero del emperador Nerón, postuló que “Un mediocre jamás se recupera de un éxito”. Algo de eso les está pasando a un par de Fernández de nuestra política. A Alberto, el Presidente de la Nación. Y a Carlos, el alcalde de la ciudad misionera de Oberá. Políticos mediocres que, electoralmente, han tenido más éxito del que se merecen. Y no se pueden recuperar.

    El Presidente, cuando apunta contra la denominada “meritocracia”, no está planteando una discusión ideológica o filosófica. Está siendo práctico como siempre lo fue. ¿Qué es ser un político práctico en la Argentina del siglo XXI? Es cuando un señor inescrupuloso se acomoda a las circunstancias, pretendiendo que sus descaradas contradicciones verbales y fácticas se vean no como un vicio sino como virtud. Alberto Fernández fue designado por Cristina Kirchner para ser la cara presentable que se le ofrecería a un electorado cándido y desmemoriado. Alberto se maneja como si una década de profundas críticas a todo lo que ahora elogia constituyera una simple anécdota. ¿Esperar que alguien que se mueve así sea un entusiasta del mérito? Cuidado con algunas esperanzas.

     El intendente de Oberá acaba de pasar las horas más tensas de su casi lustro de mandato. Aunque la huelga de cinco días de los empleados municipales terminó de la única manera que podía: para trabajadores que no cobran ni siquiera la mitad de lo que vale hoy una canasta básica alimentaria cualquier aumento es una buena noticia. La desesperación de cobrar un salario miserable en una ciudad cuya oferta laboral es cero, volvió a ser la mejor aliada de los funcionarios renovadores. Hace veinte años el establishment obereño eligió a Ewaldo Rindfleisch porque era uno de los suyos. En 2015 esa misma “crema” de Oberá eligió a Carlos Fernández para que no levante ninguna alfombra. La sociedad que le permitió todo a Rindfleisch después votó a Fernández para olvidar. Votó para olvidar. Carlos Fernández es una buena persona y un estupendo médico. Y eso es todo.

     El recorrido de los Fernández no es muy diferente del de otros apellidos de nuestra política. Hay que entender que ni Alberto ni Carlos están en la política para enriquecerse personalmente. Están en el poder por el poder mismo. Por lo que significa llegar a intendente, gobernador, diputado o presidente. Su capital político habita en sus cervicales. En un cuello bien flexible para poder girar la cabeza lo suficiente y no tener que ver lo que hacen otros. Lo sabe Cristina. Y Rindfleisch también.

     Para hacer política con estos objetivos, aceptar ser garante de la impunidad de otros a cambio del progreso político propio, no se puede reclutar gente tuteada con el mérito. Se necesitan milicias curtidas en el demérito.

     Así aparecen Martín Guzmán con la “sarasa” o Juan Ameri, el diputado “chupateta”, entre tantos. Es increíble que se  pierda de vista que la jefa política de Alberto es Cristina. Y que el jefe político del Carlos de Oberá es el Carlos de Posadas. Como si eso no quisiera decir nada.

     Que nadie le pida al Presidente otra cosa que no pase por impulsar la impunidad de los kirchneristas porque para eso está donde está y será cuestión de los electores evaluar por qué se comieron el amague. Que nadie le pida al Intendente de Oberá ningún cambio radical porque lo votaron para hacer gatopardismo. Los obereños no pueden esperar los beneficios de ningún proyecto de ciudad porque lo que hay es solo otro proyecto de poder. La carrera política de Fernández irá para adelante. Pero Oberá se quedará donde está.

     Si nuestra sociedad busca de verdad que cada uno reciba lo que merece la vienen pifiando horrible en el cuarto oscuro. ¿Qué no había opciones? Correcto, entonces a bancarse lo que vino y lo que vendrá. Y habrá que aceptar que el debate sobre el concepto de meritocracia exige una profundidad que hoy está demodé.

     Hace once meses 12.946.037 argentinos consagraron a Alberto Fernández como presidente. Hace quince meses 18.520 obereños reeligieron a Carlos Fernández como alcalde de la segunda ciudad de Misiones.

     “Tragan sin digerir. Ignoran que el hombre no vive de lo que engulle, sino de lo que asimila”, advierte José Ingenieros, preocupado por la educación, en “El hombre mediocre”.

     Ese es el plan.

     Que traguen. Sin asimilar.

 


    

domingo, 20 de septiembre de 2020

 

               EL CÁNTARO A LA FUENTE

 


     “Border” es una palabra inglesa que significa “frontera”. Los psicólogos la usan para definir la frontera entre la neurosis y la psicosis.

     Hace mucho que la sociedad argentina vive en esa frontera. La de una locura latente que en cualquier momento le pasa por arriba a cualquier intento de freno racional. El actual gobierno, en manos de Cristina Kirchner, estimula como nadie la provocación. Usando, nada menos, el poder del estado para hacerlo. Lo repetimos: hasta ahora las cosas no pasaron a mayores solo porque el grueso de cierta dirigencia opositora pone la otra mejilla.

     El presidente Alberto Fernández se parece cada vez más a esa presidente que supo ser su ahora vice. No habla. Provoca. No tranquiliza. Enerva. No consensua. Decreta. No cree en el pronombre “nosotros”. Cree en el pronombre “ellos”. Está a la vista que no fue una esperanza sino un delirio que algunos confiaran en que Cristina Kirchner iba a elegir a un candidato a presidente para que la controle él a ella. Como contrariando al poema de Pablo Neruda. “Nosotros, los de entonces, somos los mismos”, podrían decir Cristina y Alberto.

     En su última sesión el Senado, de mayoría kirchnerista, se cargó a tres jueces que habían investigado al kirchnerismo. ¿El argumento para la gilada? Que el trío había sido erróneamente trasladado por el entonces presidente Macri. Como si el hecho de que una acordada de la Corte Suprema de Justicia de la Nación avalando esos traslados fuera una anécdota baladí. La misma Corte que ahora acompaña la jugada k con su silencio.

      Algunos, con malicia, preguntan por los motivos de los reiterados “Banderazos” contra el gobierno. A ver. Pensemos un poco. La inflación en aumento. El súper cepo al dólar. La pérdida de empleo. La inseguridad creciente. Los impuestos. El fomento del odio a la clase media. La desfachatez con la que se busca la propia impunidad. El avasallamiento a la propiedad privada. El condenado Amado Boudou haciendo un programa de radio. Una cuarentena que ya cumplió medio año y que, nos dijeron, se implementó para evitar tener lo que ahora tenemos: un país que es el décimo del planeta en cantidad de infectados de coronavirus y el decimocuarto en cantidad de fallecidos por coronavirus. Y un gobierno que no tiene a la palabra “autocrítica” en su diccionario porque la culpa siempre la tiene otro. ¿Hay que seguir buscando motivos o con estos alcanza?  

     Interesante lo que ocurre en Misiones. Por estas latitudes no se sale a defender las instituciones provinciales ni comunales (las nacionales sí) pero las protestas salariales de los docentes y de otros empleados públicos dejaron en evidencia como nunca que la mayoría no gana ni para cubrir la canasta básica de alimentos. Que en Misiones se paguen  salarios que son de los más miserables del país ha sido marca registrada de los gobiernos de Rovira, Closs, Passalacqua y de Herrera Ahuad. Al respecto cabe preguntarse, ¿qué llevará a las tres cuartas partes de los votantes, porque ese ha sido el caudal electoral de los nombrados, a conformarse durante tanto tiempo con las miguitas que les tiran quiénes comen del gran banquete gracias a su voto?

     Macri fue castigado por la sociedad y perdió las elecciones. Ahora los responsables de administrar la cosa pública son otros y la vienen pifiando. Por este camino es una quimera pensar en el éxito. Pero podrían fracasar mejor.

      El gobierno es legítimo y habrá que votar diferente, cuando sea el momento, si se está disconforme. Pero no tiene ningún derecho a mojarle la oreja a quiénes no lo votaron. Sin embargo, se dedica a cargar cántaros llenos de provocaciones.

      Y los lleva a la fuente…

 

 

Walter Anestiades

Ilustración de Nicolás Eugenio Aguilar 

    

domingo, 13 de septiembre de 2020

 

             LA PAZ NO ES LA QUIETUD

 


     “Comprendo que en la vida, se cuidan los zapatos, andando de rodillas”

      Así canta Julio Sosa en la mejor versión del tango “¡Qué me van a hablar de amor!”

      Invierno de 2020. Plazas, calles y rutas de Misiones se llenaron de docentes que marchan, protestan, hacen asambleas y quieren vivir mejor. Tienen derecho a vivir mejor. Andan de pie, Julito. Caminan gastando los zapatos porque el futuro de los pibes no se negocia.

     El pasado 3 de enero Stella Maris Leverberg se fue para siempre y aquellos que treparon por tener las manos rojas de tanto aplaudir al poder, más que blancas de tiza por enseñarle a los pibes, quedaron desprotegidos como nunca.

     Leverberg, por años a cargo del mayor gremio docente de la provincia y dos veces electa diputada nacional, tenía carácter y una retórica sencilla pero eficaz. Eso le permitía cargarse al hombro acuerdos salariales miserables y, sin embargo, dejar a los disconformes como desubicados. Pero ahora las desdichas de la educación misionera se advierten desde los Montes Urales y ya no se las puede tapar. De hecho, mucha gente protestando contra el gobierno durante mucho tiempo, no es algo que en la Misiones del siglo XXI se haya visto todos los días.

     El salario básico del docente misionero acaba de pasar, acuerdo sindical mediante, de siete “lucas” mensuales a nueve mil doscientos. Un incremento roñoso que solo puede dejar conforme a gente que deba favores. Al resto no le queda otra que gastar los zapatos.

    La “pax” romana (“paz” en latín) era la que los conquistadores romanos imponían a los pueblos sometidos. Era la quietud del yugo.

        Ya veremos si los docentes en lucha consiguen lo buscado. Pero no se quedan mansos y calladitos por la “concordia” impuesta.

        Saben que estar en paz y quedarse quieto son dos cosas diferentes.

     Muy diferentes.

-Walter Anestiades 

-Ilustración de Nicolás Eugenio Aguilar

       

domingo, 6 de septiembre de 2020

 

LA CAUTIVANTE MITOLOGÍA RENOVADORA

 


     La palabra mito deriva del griego “mythos”. Se trata de un cuento, de relatos de hechos maravillosos protagonizados por personajes sobrenaturales o extraordinarios. El Frente Renovador de la Concordia, espacio fundado en 2003 por el tándem Rovira-Closs, ha sabido autojustificarse en una narrativa que se apoya en creencias muy arraigadas en la sociedad misionera. Ahora, en tiempos de una crisis económica que convierte a las explicaciones más o menos racionales en una frazada corta, el mito de “Misiones zona franca” puede resultar muy conveniente.

      Sobran los anuncios de remedios mágicos. En la Argentina toda, por cierto, pero pongamos los dos pies acá. El elixir es bien recibido por una sociedad fogueada en la injusticia a la que curas y pastores animan con la esperanza de pasarla bien en otra vida. Creencia sumamente funcional al poder político. Para no joderlo con reclamos, exigencias y protestas en esta vida. Carlos Rovira ha sido siempre, en este sentido, un eficaz pregón. Esta vez una publi-nota aparecida en un diario nacional sirvió como refuerzo de la habitual propaganda provincial. “Misiones libre de impuestos”, es la expresión popular del nuevo mito.

     El gobierno de Herrera Ahuad, el lacayo de Rovira 2019-2023, pidió al estado nacional la creación de una zona franca en todo el territorio misionero para eximir de impuestos nacionales a las empresas locales que formen parte de la cadena exportadora y para los proveedores. Además de la reducción del I.V.A y del Impuesto a las Ganancias.

     Como en cada canto de Estela Raval, detrás se escuchó el coro de los Cinco Latinos. Los empresarios-clientes del estado, sindicatos que juegan para la patronal, la pseudo-oposición y los publicistas que la van de periodistas.

     En contraste con el mito, la realidad misionera nos mostró a policías, docentes, empleados judiciales y de salud protestando, marchando y cortando rutas a favor de reclamar que, por lo menos, lo que cobran alcance el costo de una canasta básica.

           


    Más de tres lustros renovadores en el gobierno y los sueldos que se pagan en la provincia son de los más bajos del país. Claro. Con esa realidad mejor refugiarse en la mitología.

     Acechados por el relato kirchnerista que intenta desembarcar en Misiones-un relato hacia 2023 en el que por primera vez no está Rovira-, los renovadores deben seguir creando “mitos convenientes”, como sugería Platón.

     Pero el único mito que sigue reflejando a los trabajadores misioneros es el de Sísifo. Aquél que Albert Camus nos enseñó que trata de la desgracia de un hombre  condenado por los dioses a quedar ciego y empujar una enorme piedra hasta la cima de una montaña, para que vuelva a caer y volver a subirla hasta la cumbre, para que vuelva a caer y así a perpetuidad. Así vive el laburante.

       Cada quién sabe qué creer. Pero a la realidad nunca le preocupó que nos escapemos de ella.

     Sabe que, tarde o temprano, siempre nos alcanza.

 

domingo, 30 de agosto de 2020

 

¿QUÉ TE PARECE OTRO CHISTE, MURRAY?

 


     ¿Qué resultados se obtienen cuándo se cruza a chicos menores de edad con una sociedad que abandona la educación, vota corruptos, tolera la impunidad y a la que no le importa el futuro?

     En la semana que se va el Consejo Federal de Educación, organismo que reúne a los titulares de las carteras educativas del estado nacional y de cada estado provincial, determinó que ningún alumno repetirá de año. El ministro de la cartera nacional, Nicolás Trotta, y sus pares de los veinticuatro distritos del país resolvieron que quiénes cursan séptimo grado de la escuela primaria pasen a primer año de la escuela secundaria, y quiénes cursan el último año de la secundaria “tendrán actividades de formación que podrán extenderse hasta marzo de 2021” y la promoción se definirá el año que viene.

     Hace décadas que el deterioro del nivel educativo argentino se tornó imparable. Con una disparidad entre las posibilidades que brindan algunos institutos privados y las que pueden ofrecer las escuelas públicas, que la pandemia de coronavirus expuso de un modo categórico. El abandono de la exigencia, en nombre de una pseudo-inclusión, generó camadas de chicos con una alarmante pobreza de vocabulario, serias dificultades para comprender un texto (y no el “Ulises” de James Joyce sino el diario de cada mañana), y con escasa cultura general. Esto es algo que casi todos se niegan a aceptar, lo que agrava la situación. Los gobiernos porque ven a la inteligencia como un rival de sus proyectos de poder. Los padres porque quieren resultados, ergo, que el nene o la nena se reciban de algo aunque el título que consigan tenga más respaldo legal que pedagógico. Los sindicalistas porque concentran sus energías en su progreso personal haciendo política para el gobierno que les gusta, en chillar solo cuando gobierna el que no les gusta, y en forjar docentes que se conformen con percibir salarios miserables (de lo que deriva la actual protesta de cierta parte de la docencia misionera, por ejemplo). Y a los pibes tampoco les preocupa la situación porque todos fuimos pibes y adorábamos al “profe” que nos eximia fácilmente y detestábamos al que nos exigía y nos reprobaba. Como se verá, más allá de las posturas políticamente correctas, la educación le importa de verdad a no más de cuatro personas.

     La pandemia le vino como anillo al dedo a este instalado sistema de facilidades que es nuestro sistema educativo. Donde el que sabe aprueba y el que no sabe también. Dónde el docente exigente es un marginal. Dónde ciertas escuelas y ciertas universidades públicas mantienen un alto nivel no gracias a los gobiernos, sino a pesar de los gobiernos. Y dónde en los colegios privados se es más cliente que alumno.

     Algunos ahora tienen miedo de que los chicos vuelvan a las clases presenciales porque resulta que seis meses de cuarentena están dejando unos números distintos a los prometidos: se va agosto y la Argentina, arriba de los cuatrocientos mil infectados y de los ocho mil muertos, es el undécimo país del planeta con más casos de coronavirus y el decimoctavo con más fallecidos.

    Se va el 2020 y la gran mayoría de los chicos no pisará un aula. En la cuarentena muchos tuvieron actividad intensa a favor de las posibilidades virtuales del colegio en el que estudian. Otros no pudieron ni soñar con eso porque las computadoras se enchufan y para eso se necesita electricidad y conectividad. Algunos todavía no se enteraron que las maravillas tecnológicas no están al alcance de todos los argentinos. Una desigualdad que les debería dar a los funcionarios públicos una vergüenza que no les está dando.

     Todo apunta a que cientos de miles de pibes sigan pasando de grado, de año, y recibiéndose, pero aprendiendo poco y nada. Que, una vez más, el discurso nos dirá que no habrá promoción automática pero la realidad nos dirá que sí. Volvió la “timba”, se pueden recorrer cientos de kilómetros para hacer turismo interno, se acude en barra a tomar cerveza o lo que venga a un pub, en quince días se reinicia la Copa Libertadores, pero no hay ni habrá clases presenciales, y a nadie le importa. En los mass-media está más presente el futuro laboral de Messi que el seguir siendo un país que apuesta a la ignorancia disimulada. Nada nuevo, pero por extendido, peor. Y para nada inocuo.

      ¿Te cuento otro chiste Murray?

     ¿Qué resultados se obtienen cuándo se cruza a chicos menores de edad con una sociedad que abandona la educación, que vota corruptos, que tolera la impunidad y a la que no le importa el futuro?

     Se obtiene lo que puta se merece.