lunes, 2 de noviembre de 2026

 

           LÍDERES DE INSTAGRAM

 

     Los problemas de la ciudad de Oberá, generados o agravados por una sucesión de gestiones renovadoras impresentables, son muy importantes como para abordarlos solo desde la virtualidad, donde las vistas y los likes llevan a confundir fama con prestigio. No alcanza con líderes de Instagram. Un dirigente que la vaya de opositor necesita poner el cuerpo en el mundo real. Debe tener presencia y estrategia en redes sociales, claro que sí. Pero ante un oficialismo que dispone de una estructura territorial respaldada con el poder del estado, ese dirigente opositor debe existir en esos lugares donde todo es oficialismo.

     Las últimas elecciones en la CELO volvieron a mostrar cuán eficiente puede ser la estructura oficialista para mover gente en una sociedad culturalmente quieta. Y también volvieron a mostrar que el esforzado vecino que pretende un cambio siempre está solo.

    El día de las asambleas de distrito de la CELO, el diputado nacional obereño Diego Hartfield difundió un video en el que llamaba a votar por la opositora Lista Gris. Eso es muy poco. Debió aprovechar el eco mediático de su voz para denunciar esa cancha inclinada en la que el oficialismo juega de local. Debió recorrer los distritos para que el oficialismo vea que se enfrentaba a algo de mayor tamaño que al esfuerzo personal de los socios que no se resignan a que se haga costumbre pagar servicios de Suiza para recibir servicios de Haití.

    En una sociedad feudal las derrotas dignas no atraen porque todos saben lo que quiere decir “derrota” pero no todos saben lo que quiere decir “digna”. Y los que quieren una CELO mejor ya acumulan muchas derrotas dignas.

     Decía Leopoldo Marechal que “De todo laberinto se sale por arriba”, ergo, no se puede resolver un problema desde la misma lógica con la que no se pudo resolver. Hay que elevar la mirada. Cambiar la manera de pensar.

     Oberá es una ciudad mal gestionada por el alcalde Pablo Hassan. Pero aún así es el favorito para ser reelecto el año que viene. Tiene poder, “caja”, respaldo estatal, publicistas y un panorama despejado.

     Por eso Oberá tiene sed de líderes que tengan otra cabeza. Que piensen mejor.

    Y que, cuando hace falta, dejen el celular.

    

 

Walter Anestiades