SIEMPRE TENES QUE DECIR TU MISA
El cineasta Ingmar Bergman nunca olvidó la
enseñanza de su padre, un pastor luterano: “Pase lo que pase, tienes que decir tu
misa”.
Me acordé de eso porque un día como hoy, 7
de julio, pero de hace 35 años, un domingo 7 de julio de 1991, empecé en el
periodismo.
Con unos compañeros de la carrera de
Ciencias de la Comunicación de la UBA empezamos un programa semanal de dos horas,
que se llamaba “Fuera de Tiempo”, en una radio de Santos Lugares, en el partido
bonaerense de Tres de Febrero, cerca de la casa del escritor Ernesto Sábato.
Eran Hugo Macchiavelli (hoy convertido en un reconocido periodista de
investigación al que podes ver en el canal La Nación +), Gastón Femia y
Evangelina Nieves. Con el paso del tiempo Hugo se convirtió en un hermano de la
vida. De Gastón y de Evangelina no sé nada desde hace mucho. El programa era de
una calidad fácilmente superable, pero sirvió para empezar a decir nuestra misa.
En su autobiografía Bergman cuenta que
fue con su padre pastor a una iglesia en la ciudad de Upsala, al noroeste de
Estocolmo. El religioso que debía dar la misa, con gripe y viendo que había poca
gente, quiso dar una misa corta. Bergman padre lo reprendió con la consigna que
acompañó a Bergman hijo para siempre: “Pase lo que pase, tienes que decir tu
misa. Si es importante para los feligreses, es más importante aún para ti. Si
también es importante para Dios, ya lo veremos. Si no hubiera otro dios que tu
esperanza, también sería importante para ese dios”.
Cada uno, en su lugar, tiene algo que debe
hacer. Esa es su forma de decir su misa. Para uno solo, diez, cien, mil, o un
millón.
Hace 35 años que, dónde y cómo pueda, hago
eso.
Digo mi misa.
Walter
Anestiades
No hay comentarios:
Publicar un comentario