miércoles, 1 de julio de 2026

                         UN PERÓN SIN PERONISMO

 

     En los años sesenta Augusto Timoteo Vandor, un sindicalista de la Unión Obrera Metalúrgica que a fines de la década murió asesinado, impulsó una corriente política conocida como neoperonismo o “Peronismo sin Perón”. Eran los años del exilio de Perón y de la proscripción del peronismo. Una Argentina tomada por las dictaduras militares y sus cómplices civiles. Haciendo un repaso mental de lo que fue un gobierno que no viví (los tres que encabezó el propio Perón) y de los que sí viví (los dos del menemismo y los cuatro del kirchnerismo), se me hace que la Argentina necesitó lo contrario de lo postulado por el vandorismo: un Perón sin peronismo.

     Hoy se cumplen 52 años desde que Juan Domingo Perón se fue de este plano. Él dijo que “El justicialismo no es una persona. Es una doctrina”. Tras aquél lunes 1º de julio del 74, los años por venir demostraron que ese mediodía no solo se produjo el deceso del hombre. También el de la doctrina.

    Nunca antes y nunca después la participación del trabajador argentino en la riqueza nacional (lo que se conoce como distribución funcional del ingreso) fue tan alta como en el gobierno de Perón. Para decirlo más directamente: nunca los trabajadores vivieron mejor que cuando gobernó Perón.

     Casi todo lo malo que se puede decir de Perón es cierto. Pero casi todo lo bueno que se puede decir de Perón, también es cierto.

       Después de él, los gobiernos nacionales de Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Kirchner y Alberto Fernández, los gobiernos provinciales de los feudos del conurbano bonaerense y del norte argentino, y el recorrido por decenas de municipios de todo el país cuyos intendentes la van de peronistas, permitieron y permiten ver, para el que no cierre los ojos, que el peronismo se convirtió en lo que combatía. Que parió dirigentes que hicieron del peronismo una oportunidad de prosperar a costa de sociedades que ni siquiera tienen satisfechos sus servicios básicos. Funcionarios ricos en pueblos pobres. El peronismo dejó de ser revolucionario y se convirtió en el garante de los negocios del establishment.

     El papel aún vigente de Perón en el imaginario social y las horripilantes gestiones de los gobiernos no peronistas-que se limitan a hacer siempre lo mismo: ajustar salarios y jubilaciones y endeudar al país-consiguen que las distintas versiones del peronismo mantengan sus chances electorales a favor de personas que no quieren aceptar que el peronismo que buscan ya no existe más.

     Lástima que se hizo más conocido este relato de una parte del libro que leído el libro, pero Mario Vargas Llosa en “Conversación en La Catedral” pone en boca de su protagonista, Santiago Zavala, la ya popular pregunta: “¿En qué momento se había jodido el Perú?”

      Puede que hoy se cumplan 52 años del momento en que se jodió la Argentina.

 

Walter Anestiades 


 

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