UN PERÓN SIN PERONISMO
En los años
sesenta Augusto Timoteo Vandor, un sindicalista de la Unión Obrera Metalúrgica
que a fines de la década murió asesinado, impulsó una corriente política
conocida como neoperonismo o “Peronismo sin Perón”. Eran los años del exilio de
Perón y de la proscripción del peronismo. Una Argentina tomada por las
dictaduras militares y sus cómplices civiles. Haciendo un repaso mental de lo
que fue un gobierno que no viví (los tres que encabezó el propio Perón) y de
los que sí viví (los dos del menemismo y los cuatro del kirchnerismo), se me
hace que la Argentina necesitó lo contrario de lo postulado por el vandorismo:
un Perón sin peronismo.
Hoy se cumplen 52 años desde que Juan
Domingo Perón se fue de este plano. Él dijo que “El justicialismo no es una
persona. Es una doctrina”. Tras aquél lunes 1º de julio del 74, los años por
venir demostraron que ese mediodía no solo se produjo el deceso del hombre.
También el de la doctrina.
Nunca antes y nunca después la
participación del trabajador argentino en la riqueza nacional (lo que se conoce
como distribución funcional del ingreso) fue tan alta como en el gobierno de
Perón. Para decirlo más directamente: nunca los trabajadores vivieron mejor que
cuando gobernó Perón.
Casi todo lo malo que se puede decir de
Perón es cierto. Pero casi todo lo bueno que se puede decir de Perón, también
es cierto.
Después de él, los gobiernos nacionales
de Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Kirchner y Alberto
Fernández, los gobiernos provinciales de los feudos del conurbano bonaerense y
del norte argentino, y el recorrido por decenas de municipios de todo el país
cuyos intendentes la van de peronistas, permitieron y permiten ver, para el que
no cierre los ojos, que el peronismo se convirtió en lo que combatía. Que parió
dirigentes que hicieron del peronismo una oportunidad de prosperar a costa de
sociedades que ni siquiera tienen satisfechos sus servicios básicos. Funcionarios
ricos en pueblos pobres. El peronismo dejó de ser revolucionario y se convirtió
en el garante de los negocios del establishment.
El papel aún vigente de Perón en el
imaginario social y las horripilantes gestiones de los gobiernos no
peronistas-que se limitan a hacer siempre lo mismo: ajustar salarios y
jubilaciones y endeudar al país-consiguen que las distintas versiones del
peronismo mantengan sus chances electorales a favor de personas que no quieren
aceptar que el peronismo que buscan ya no existe más.
Lástima que se hizo más conocido este
relato de una parte del libro que leído el libro, pero Mario Vargas Llosa en
“Conversación en La Catedral” pone en boca de su protagonista, Santiago Zavala,
la ya popular pregunta: “¿En qué momento se había jodido el Perú?”
Puede que hoy se cumplan 52 años del
momento en que se jodió la Argentina.
Walter
Anestiades
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