ELOGIO DE KEMPES
El apellido
Kempes sonó en mis oídos antes que el jugador del Mundial 78 se presentara ante
mis ojos. Mi viejo, rosarino e hincha de Central, hablaba de un número diez muy
bueno que habían tenido y que era mejor que otro zurdo, “Marito” Zanabria, el
de los “leprosos” (Newells Old Boys), y del que uno pudo disfrutar mucho en el
Boca de Lorenzo.
Lo de Mario Alberto Kempes, a partir de la
segunda fase y hasta la final de nuestro Mundial 78, fue “maradoniano” y
“messiniano”. Dos goles a Polonia, dos goles a Perú, dos goles a Holanda. Y el
primer título.
Cuesta olvidarse de la patita que metió en
el segundo gol contra el par de holandeses que se le cruzaron. Algunos se
enfocan en que pudo haber sido plancha. Uno se enfoca en todo lo que gambeteó
antes y en que fue capaz de meter la patita ahí. Quizás uno esté demasiado influenciado
por varios jugadores de hoy, que ante el primer roce con un rival piden el
cambio, la camilla, una prótesis, la jubilación y la pena capital para el que
lo tocó. Me pareció y me sigue pareciendo una decisión valiente y única. Meter
el botín ahí y hacer el gol del título (porque el de Bertoni fue el tercero).
Los giles dicen que ese mundial es
inválido porque nos gobernaba una dictadura. Nunca escuché a un “tano” diciendo
que el mundial que organizaron y ganaron en el 34 no valió porque los gobernaba
un tal Benito Mussolini.
Otros dicen que el famoso 6 a 0 contra
Perú estuvo arreglado. ¡Ésta estuvo arreglado! Cuando iban 0-0 el peruano Muñante
pegó un tiro en el travesaño. Y en la final hubo un tiro del holandés Rensenbrink
que pegó en el palo a los 45 del segundo tiempo. Holanda se hubiera puesto 2-1
y al carajo el “arreglo”. Como suele suceder, el recuerdo preciso de los hechos
dejan en ridículo las opiniones editadas de los giles.
Después del 78 “el Matador” Kempes no
volvió a mostrar lo que mostró y que fue determinante para ganar esa primera
copa que, como definió Menotti, “Fue un homenaje al viejo y querido fútbol
argentino”. Hoy el cordobés comenta este mundial por televisión con mucho criterio
y, a diferencia de lo que pasa con los comentaristas Gallardo y Tévez, a Kempes
lo que dice se le entiende.
Algunos, para explicar lo escrito por el
filósofo Hegel, dicen que el pensamiento va avanzando desde una afirmación
inicial o tesis, a la que se opone una segunda idea o antítesis y con la que se
llega a una afirmación nueva o síntesis, que es la combinación superadora de
las otras dos ideas y así en lo sucesivo.
Puede que en esos fríos días de junio del
78 una primera idea, el estilo con el que nos deleitó Maradona, fusionada con
una segunda idea, el estilo con el que nos deleita Messi, haya generado una
combinación superadora.
El estilo con el que nos deleitó un
inolvidable número diez bien argento, llamado Mario Alberto Kempes.
Walter
Anestiades

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