Y LA SOPA SIGUE CALIENTE…
"¿Que estoy detenido? De acuerdo. La
última vez tardé tan poco en salir que mi sopa todavía estaba caliente cuando
llegué a casa" (Tony Soprano)
Tony Soprano era el icónico jefe mafioso
que interpretó el actor James Gandolfini en la serie de HBO “Los Soprano”. Así,
con esa frase del principio, Tony definía a la impunidad.
La Argentina es tierra de impunidades. De
hecho, las más insoportables injusticias suelen tener el triste destino de ser
una efeméride. Como la de Nisman. De cuya muerte, impune muerte, se cumplen
ahora once años.
Alberto Nisman era el fiscal designado por
el presidente Néstor Kirchner para investigar la voladura de la mutual judía
AMIA a través de una unidad especial. El 13 de enero de 2015 Nisman denunció a
la presidente Cristina Kirchner, al canciller Héctor Tímerman, al diputado
Andrés “Cuervo” Larroque, y a los dirigentes Luis D’Elía y Fernando Esteche,
por abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público, por
confabularse para dejar impunes a los iraníes imputados en la causa AMIA, a
través del llamado “Memorándum de Entendimiento” acordado entre los gobiernos
argentino e iraní. El lunes 19 de enero de 2015 Nisman iba a ir al Congreso de
la Nación a fundamentar su denuncia. No pudo. Un día antes apareció muerto de
un tiro en la cabeza en su departamento de la Torre Le Parc en el barrio
porteño de Puerto Madero.
Hay
que recalcar esto: Puerto Madero debe ser el lugar más custodiado del país. Lo
vigilan la policía de la ciudad de Buenos Aires, la Policía Federal y
Prefectura Naval. Tiene cámaras de seguridad por todos lados y el edificio “Le
Parc” también. Además Nisman tenía asignados diez custodios (no uno, sino
diez). Nadie vio nada. Ninguna cámara filmó nada. Sus custodios pasaron varias
horas sin saber de él y a ninguno le interesó conocer en qué andaría en esas
horas el tipo al que debían custodiar que no había dado ninguna señal de vida desde
su departamento. Para rematarla, la fiscal de la causa, Viviana Fein, no mostró
mucha aptitud para preservar la escena del crimen. De hecho, en febrero deberá
explicarle a la justicia como fue posible tanto descontrol donde debía haber
control. Y Aníbal Fernández, por entonces Secretario General de la Presidencia,
salió de gira por los mass-media a liquidar la reputación del fiscal fallecido
calificándolo de “un sinvergüenza y un
turro”.
Hoy por hoy la justicia ya considera
probado que lo de Nisman no fue un suicidio sino un crimen y como tal lo
investiga.
¿Y entonces dónde están los asesinos?
Deben estar como Tony Soprano. En sus
casas. Tomando su sopita caliente.
Walter Anestiades


1 comentario:
Tarde o temprano, todo sale a la luz.
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