EL SALARIO DEL MIEDO
Upton
Sinclair fue un escritor y periodista norteamericano que escribió lo siguiente:
"Es difícil hacer que un hombre entienda algo, cuando su salario depende
de que no lo entienda".
En Misiones el estado rovirista se pergeñó
para que muy poquitos la pasen como bacanes y el resto se conforme con las
miguitas que caen del gran banquete estatal. Por supuesto, siempre hay algunos rebeldes
que protestan porque no entienden cómo es posible que les paguen salarios miserables
y sus compañeros no exijan más. Habrá que anoticiarlos de que en este feudo sus
salarios dependen, precisamente, de que no lo entiendan.
Un
docente, un portero de escuela, un policía, un penitenciario, un trabajador de
la salud, un empleado judicial, o cualquiera que esté fuera del esquema de los
altos cargos políticos comunales o provinciales, tiene que hacer magia para
alimentarse él y su familia, pagar un alquiler, pagar los servicios públicos y
mandar a estudiar a sus hijos.
¿Qué
esto pasa en todo el país? Correcto, pero en Misiones hace demasiado tiempo que
esto es así. No es de ahora. La pauperización salarial es una marca registrada
del estado rovirista. Es estructural, no coyuntural.
Disimulada por el marketing de un sistema
político que creó una cantidad importante de conformistas, la paupérrima
calidad de vida del trabajador misionero se visibiliza solo ante crisis
nacionales, cuando los medios obtienen el permiso de contar que Misiones no es
Disney. Pero siempre respetando la consigna invariable: el mérito siempre es
local y el demérito es siempre nacional.
Es
un panorama sumamente incómodo para el trabajador que no se resigna. Porque no
puede apagar su mente, que exige respuestas.
Justo en la Misiones feudal.
Donde el trabajo depende de no hacer
preguntas.
-Walter Anestiades
-Imagen: Cepyme News

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