sábado, 28 de marzo de 2026

                     MIRAR COMO SE APAGA 


     



     La semana pasada, unos amigos de las redes sociales recordaron al doctor Alejandro Vogt, un científico que fue el creador del legendario serpentario de Oberá, dónde se elaboraba el suero antiofídico que salvó la vida de más de ochocientas personas. Vogt debió ser reconocido, próspero y feliz. Todo lo contrario. El poder ordenó abandonarlo y dejar que su obra se extinga. Vogt se fue apagando a la par de sus creaciones. Y la sociedad obereña, en vez de reaccionar, miró como se apagaba.

     Recordemos y contemosle rápidamente a las nuevas generaciones: Alejandro Urs Vogt era chaqueño, médico, biólogo, maestro de escuela, músico, piloto de avión militar y comercial (estuvo en la guerra de Malvinas), trabajó en Gendarmería Nacional (donde llegó a ser comandante del Escuadrón 9 de Oberá) y en el Instituto Malbrán de Buenos Aires. Llegó a Oberá en 1985 y montó un centro de investigación científica, y de paso un destino educativo y turístico, que fue orgullo de la ciudad y en dónde  salvó a muchos de morir de ofidismo. Se lo conoció como “el serpentario”.

     Un día, en la génesis de este siglo, se le ocurrió quejarse por radio de que el entonces alcalde renovador Ewaldo Rindfleisch había dejado cesante al único ayudante que él tenía en el serpentario. Eso bastó para que Rindfleisch se “enojara” y ordenara abandonarlo. Hoy se diría “cancelarlo”. Y lo cancelaron. No tuvo ayuda de ningún lado.

      Toda su obra se vino abajo. Y él también. Algunos de los profesionales que formó se fueron a trabajar a Gobernador Roca y los animales del serpentario fueron a parar a Iguazú. Eso nos dijo al colega Eduardo Jacquemín de Infóber digital y a mí en el verano de 2012. Pasaron catorce veranos más.

     En sus últimos días la diabetes le pasó una factura elevada, quedó postrado, y lo asistieron unos vecinos hasta que se fue de este plano el martes 30 de abril de 2019, una semana después de haber cumplido 74 años.  

     Y así de fácil se apagó la luz del serpentario.

     Como se apagan todas las cosas en Oberá.

     Mirando cómo se apagan.

 

 

Walter Anestiades

   

   

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