ALGO PARA RECORDAR
Ayn Rand fue una filósofa del siglo
XX. Rusa de nacimiento y nacionalizada estadounidense, fue una inspiradora de
la derecha libertaria. Dicen que dijo: “La pregunta no es quién va a dejarme,
sino quién va a detenerme”. Estaba diciendo que no hay que esperar que te den
“luz verde” para hacer algo. Hay que hacer. Y no se estaba preguntando quién la
iba a detener porque quería atropellar. Quería perseverar para resistir al
miedo y las dudas. Moverse no garantiza el éxito. Pero la quietud, menos.
Exactamente eso es lo que están haciendo
dos mujeres obereñas.
La contadora pública Mariela Basila, una
exauditora interna de la CELO a quién el Consejo de Administración echó y
maltrató porque se tomó su trabajo en serio. Mariela se está enfrentando a la
más oscura entidad que tiene Oberá. Eso es la CELO.
La concejala del PRO Adriana Kosnicki
filma videos donde recorre las calles y los barrios de Oberá. Y los muestra en
las redes sociales. Pero no con la línea cosmética que la pauta publicitaria le
impone al periodismo local. Lo hace mostrando la dura realidad de una ciudad
sin gestión, con calles y veredas que parecen haber sufrido un bombardeo, y con
vecinos aclimatados a un modo de vivir, sin luz y sin agua, más propio del
siglo 19 que de este siglo 21 con teléfonos inteligentes y con IA.
Ambas se unieron para ver si se puede
abrir una rendija en la cerrada puerta de lo público. En Oberá la renovación
gobernante hace más de dos décadas hizo del ocultamiento en la municipalidad y
en la CELO una política de estado. Estas mujeres son parte de un grupo que
debería ser mucho más grande. Un grupo de gente que no se conforma con tan
poco.
Basila y Kosnicki elevaron el silencio
institucional de la CELO al INAES, el organismo que controla las cooperativas y
mutuales del país. Kosnicki muestra esa Oberá que el intendente Hassan paga
para que no se vea.
¿Qué pasará? Vaya uno a saber. Pero no le
pidieron permiso al poder ni se quedaron quietitas en sus casas tomando mate. Se están
moviendo.
Y eso es algo para recordar.
-Walter
Anestiades

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