NO
HAY PERONISMO SIN PERÓN
Fue el sindicalista Augusto Timoteo Vandor el
referente de los que, tras el golpe del 55 y las proscripciones, imaginaron “un
peronismo sin Perón”. Pero con Perón en vida eso fue imposible. Y con Perón
muerto, también.
Casi todo lo malo
que se puede decir de Perón es cierto. Y casi todo lo bueno que se puede decir
de Perón también. Pero es Perón porque nunca antes y nunca después el poder, y
después de él tampoco el peronismo en el poder, se ocupó tanto del gil que
siempre paga el ajuste de las cuentas. Ese al que le canta Ricardo Iorio con “Hermética”:
el gil trabajador.
Perón se fue
de este plano de existencia el lunes 1º de julio de 1974. Hace medio siglo.
Cincuenta años. En esos días la pobreza estaba en un dígito y la desocupación
no llegaba al 3%. No alcanza con que un país sea rico. La distribución del
ingreso es clave. Pero ya pasó. Es un debate histórico y hoy es un anacronismo
postular que deben enfrentarse las cuestiones del siglo XXI con lo que pudo
haber funcionado en el siglo XX.
Pero algunos,
entre ellos nada menos que el presidente de la nación Javier Milei, añoran ya
no el siglo XX sino el XIX. El presidente (que es un liberal, pero un liberal
argentino que es otra cosa), les cuenta a los perezosos mentales el cuento
corto (es imperioso que sea corto) de que la Argentina era el país más rico del
mundo mientras funcionó el modelo agroexportador pero después llegó el
populismo con Hipólito Irigoyen y con Juan Domingo Perón y el país se fundió. Como
si sus rivales hubieran gobernado de un modo genial. Como si una sociedad
formada por una elite que lo tenía todo y por un pueblo que no tenía nada (ni
siquiera el voto), que era eso lo que había en la Argentina a la que vinieron
nuestros abuelos, fuera una sociedad entrañable. Como si las dictaduras que los
derrocaron no hubieran existido.
Tras el derrocamiento de Irigoyen en el 30
(del que Perón fue parte como militar) llegó “la década infame” donde un matón
asesinó al compañero de banca de un senador que denunciaba la corruptela
gubernamental, en el propio edificio del Congreso. Donde la preocupación del
poder era que no volviera “la chusma radical” y entonces hacían fraude en las
elecciones. Y tras derrocar a Perón en el 55 la autodenominada “Revolución
Libertadora”, sancionó el decreto-ley 4.161 por el que se prohibía nombrar a Perón,
a Eva Duarte y hacer cualquier mención a la ideología peronista. El ministro del
Interior era Carlos Alconada Aramburu, futuro ministro de Educación y Justicia de
Arturo Illia y de Raúl Alfonsín. Fue en el gobierno de Illia, en 1964, cuando
el Congreso derogó el vergonzoso decreto que estuvo vigente ocho años. En la
Argentina de la “libertad” estaba prohibido nombrar personas. Esos son los días
que hoy algunos reivindican.
Muerto Perón
jamás un gobierno peronista volvió a ocuparse tanto y tan bien del gil
trabajador. Y los gobiernos no peronistas, menos. Pero repasemos a los
“peronistas”.
-Isabel Perón,
su viuda, incapaz de ocupar el cargo en el que la puso su marido, hizo
desastres. En su gobierno ocurrió el tristemente célebre “Rodrigazo”, cuando el
ministro de Economía Celestino Rodrigo-en nombre del ajuste-devaluó fuerte el
peso y aumentó las tarifas de los servicios públicos, transfiriendo recursos a
los sectores agroexportadores, logando un aumento de la desocupación y de la
pobreza que se hicieron evidentes. Después la dictadura militar perpetró un
apocalipsis.
-Carlos Saúl
Menem fue el primer presidente peronista electo de la recuperada democracia.
Gobernó durante más de una década. Con su ministro de Economía Domingo Cavallo
aplicaron el “uno a uno”, ergo un peso igual a un dólar, y controlaron la
inflación (algo fundamental) cuando se venía de la híper que dejó Alfonsín.
Pero no alcanzó. En 1999, al terminar su segundo mandato, dejó un 27% de
pobreza, la desigualdad social agrandada y un desempleo monumental. Además de
una corrupción alevosa y efectos nefastos en el sistema educativo de la mano de
la Ley Federal de Educación y la ministra Susana Decibe.
-Eduardo
Duhalde gobernó un año y medio, tras la crisis bisagra de 2001 que dejó el
desastroso gobierno del radical Fernando De la Rúa. Fue electo presidente no
por votos sino por la Asamblea Legislativa. Duhalde y su ministro Jorge Remes
Lenicov salieron de la Convertibilidad, devaluaron el peso, a los que tenían
dólares en los bancos les devolvieron pesos (a pesar de la inolvidable promesa
de Duhalde) y la pobreza saltó al 55%.
-Néstor
Kirchner y Cristina Kirchner gobernaron dieciseis años, entre 2003 y 2015, y
entre 2015 y 2019, con Néstor ya fallecido pero Cristina designando por Twitter
a su títere Alberto Fernández. Néstor, que no tuvo que devaluar porque ya lo
había hecho su mentor Duhalde y con los dólares de la exportación de soja en
alza, pudo dedicarse a hacer “caja”. La pobreza bajó unos veinte puntos, se
impulsó el consumo, pero el dinero del superávit fiscal, que fue mucho y debió
usarse para el desarrollo de la economía, no se sabe adónde fue a parar. Hay
indicios: sus dos secretarios murieron millonarios, su chofer quiso comprar
Telefé y su jardinero se hizo rico. Además de los bolsos de López (el que manejaba
la obra pública en el país), Lázaro Báez y etcétera, etcétera, etcétera. Con
Cristina se terminó el superávit fiscal y la soberanía energética. Y desde
2012, el primer año de su segundo gobierno, la economía no creció nunca más. Y
encima intervino el INDEC-vía Guillermo Moreno-para que no se conozcan los
datos de la inflación y de la pobreza. ¡Mamita!
-Tras el
fracaso de Mauricio Macri (que dejó un aumento colosal del endeudamiento
externo). Alberto Fernández como presidente, Cristina Kirchner como vice y
Sergio Massa como ministro de Economía y fallido candidato a presidente, protagonizaron
un gobierno que fue una calamidad pública. Y provocaron el suficiente espanto
como para crear a un Milei. Que les sirvió para eclipsar a Juntos por el Cambio
(el enemigo al que Cristina temía). Pero la criatura les creció demasiado.
No solo se
trata de gobiernos peronistas nacionales. Quién pudo recorrer el país y
adentrarse en la Catamarca de los Saadi, el San Luis de los Rodríguez Saa, la
Tucumán de Alperovich, la Santa Cruz de los Kirchner, la Formosa de Insfrán, el
Chaco de Capitanich, el Santiago de los Zamora, la Misiones de Rovira y ese Far
West que es el conurbano bonaerense, habrá visto lo mismo: feudos, atraso,
marginalidad, inseguridad, droga, propaganda vendida como información, bajo
nivel educativo, más clientes que ciudadanos y dirigentes y sindicalistas ricos de un pueblo trabajador pobre.
¿Qué tiene que
ver ese “peronismo” con el de Perón?
Perón se fue
hace demasiado y tiene bien ganado su lugar en la historia. Lo que quedó, ese
“recuerdo que trae votos”, como dice Julio Bárbaro, es impresentable y ha hecho
mucho daño. Aunque no se quieran hacer cargo.
La Argentina
que banca a Milei porque enfrente hay un abismo, ¿será capaz de generar algo que
se pueda votar? ¿O será Milei un mejor presidente de lo que viene siendo en estos
pocos meses de gestión?
Ojalá. Pero
no lo sabemos.
Lo que sí
sabemos es que ese “peronismo sin Perón” que Vandor imaginó con el general vivo
pero exiliado en España no fue posible.
Y sabemos por
Menem, Duhalde, los Kirchner, Alberto y los señores feudales del conurbano, de
las provincias y de los municipios, que el peronismo sin Perón, con el general
desaparecido, tampoco es posible.
“El
justicialismo no es un hombre, es una doctrina”, dijo Perón.
Pero ya se
fue el hombre.
Y también se fue la doctrina.
Walter Anestiades