domingo, 9 de noviembre de 2025

 

                   LOS CONFABULADOS       

 

     Desde que la renovación llegó al poder en Oberá, en diciembre de 2003, la actitud general de los otros partidos políticos y del periodismo hacia los alcaldes Rindfleisch, Fernández y Hassan ha sido la de no molestar o pegar donde no duele. De ahí que las excepciones resalten tanto. Dicen que el sabio Confucio sentenció:” Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, entonces estas peor que antes”. Hay una red de complicidades responsable de dejar hacer a un oficialismo lamentable que dejó a Oberá peor que antes.

    En tiempos de “Tito” Rindfleisch el peronismo (que aún no había sido cooptado ni por el kirchnerismo ni por Rovira) abría la boca para hablar de las macanas (digámosle así) del alcalde renovador. Eran los días de Norma Prevosti y “Cacho” Nilsson concejales. El radicalismo nunca olvidó el pasado correligionario de Rindfleisch y no se le animó.

     Cuando llegó el tiempo del doc Carlos Fernández la política obereña había sucumbido a la hegemonía rovirista y los comicios quedaron reducidos a una interna renovadora. Hacia 2015, de la mano del ascenso a la presidencia de Mauricio Macri, empezó a tallar un nuevo jugador que fue el PRO. Pero ni el PRO en soledad ni la posterior alianza con la UCR  (solo en la boleta), tuvieron la fuerza electoral suficiente (y algunos tampoco las ganas) para arrebatarle la intendencia a los renovadores.

     Hoy son tiempos violetas, tiempos de Javier Milei y sus libertarios que han urdido una alianza parlamentaria nacional que en Misiones se traduce en competir para cargos nacionales pero participar para cargos locales. Excepto que en 2027 los intereses de Milei se crucen con los de Rovira, la reelección del alcalde Pablo Hassan dependerá de su determinación o de algún renovador que le dispute la interna.

     Oberá vive, como otras partes de la Argentina, un fenómeno insoslayable: sus habitantes votan pidiendo que el país cambie pero votan pidiendo que su ciudad y su provincia se queden igual. Hay mucho elector que come del estado rovirista y vota por el statu quo en la municipalidad y en la CELO. Y cuando vota cargos nacionales se acuerda de lo que dice Milei. Eso de que el estado es un demonio.

     El actual terceto de concejales del PRO viene haciendo una tarea estupenda de contralor y de objeción. Pero la sociedad libertaria-feudal los desdeña. Y las luces del PRO, en todo el país, se van apagando.

     La pauta oficial fue mutando de jugosa a modesta pero la prensa local nunca fue pretenciosa. Con la excepción de Tony Lindstrom, faro mediático en tiempos analógicos y hoy devenido en funcionario de segundo orden. En la era digital Daniel Villamea asoma como el “Tony de Hassan”, pero con un perfil más libre y creativo.

     Así, con una mayoría de votantes de tendencia libertaria-feudal, con cúpulas directivas que no le hacen asco a ninguna “rosca” con el oficialismo, con tantos periodistas domesticados, y con una sociedad incapaz de reaccionar,  Oberá sufre la desgracia de ser administrada por ineptos que no dan la talla.

     Hay mucho dirigente, periodista y ciudadano de toda clase, que ya saben lo que tienen que hacer. Pero no lo hacen. Están confabulados para no molestar. Y nada indica que eso vaya a cambiar de acá a un rato largo.

      Por eso no importa cuando leas esto.

      Oberá está peor que antes.

 

 

Walter Anestiades

     

 

No hay comentarios: