viernes, 29 de agosto de 2025

 

            TENES QUE DECIR TU MISA

 

     El cineasta sueco Ingmar Bergman nunca olvidó la enseñanza de su padre, un pastor luterano: “Pase lo que pase, tienes que decir tu misa”. A las ocho de la mañana del lunes 29 de agosto de 2005 “Mejor Hablar de Ciertas Cosas” empezó a sonar en el éter de una Oberá plagada de tabúes, listas negras, silencios, obsecuencia y miedo. Nos dijeron que en la Misiones feudal no se podía hacer periodismo crítico. ¡Mentira! Durante 20 años, 240 meses y 7.306 días, a pesar de todo, hicimos lo que había que hacer. Dijimos nuestra misa.

    En aquél invierno de 2005 el país era presidido por Néstor Kirchner, Cristina era la primera dama, Alberto Fernández su jefe de gabinete, Macri era el presidente de Boca, Menem era electo senador, Alfonsín empezaba a despedirse, De la Rúa era procesado por el megacanje, Duhalde era acusado de narco por Elisa Carrió y Milei daba clases en la Universidad Argentina de la Empresa.

    En Misiones Carlos Rovira construía el feudo del que hoy disfruta. En 2005 ganó las legislativas que le dieron mayoría en la Cámara de Representantes. La renovación sacó ciento noventa mil votos y metió 12 diputados. Era el principio del fin de la Misiones republicana.

    En Oberá al exintendente peronista “Rolo” Dalmau no se lo podía ni nombrar en la calle. “Ticha” Bárbaro hacía marchas mensuales  pidiendo justicia por su hermana “Marilyn”, asesinada un año antes. En las mañanas el programa de radio de Tony Lindstrom era un parlante que le contaba a los obereños los beneficios (ponele) de tener como intendente a un personaje con poder omnímodo que manejaba todo, incluida la CELO que te daba la luz, el agua, el gas y te enterraba: Ewaldo Rindfleisch.

     Veinte años después en Oberá hay libertad de expresión, no hay listas negras en los medios, a Lindstrom lo escucha su familia, las redes sociales coparon la comunicación, Rindfleisch tiene la reputación que se merece, Dalmau ya se fue pero reivindicado, Ticha nunca encontró la justicia que buscaba, y la gente tiene un poco menos de miedo.

     En su autobiografía Bergman cuenta que fue con su padre pastor a una iglesia en la ciudad de Upsala, al noroeste de Estocolmo. El religioso que debía dar la misa, afectado por una gripe y viendo que había poca gente, quiso dar una misa muy corta. Bergman padre lo reprendió con la consigna que acompañó a Bergman hijo el resto de su vida: “Pase lo que pase, tienes que decir tu misa. Si es importante para los feligreses, es más importante aún para ti. Si también es importante para Dios, ya lo veremos. Si no hubiera otro dios que tu esperanza, también sería importante para ese dios”.

     Cada uno, en su lugar, tiene algo que debe hacer. Esa es su forma de decir su misa.

    Para uno solo, diez, cien, mil, o un millón.

    Pase lo que pase, tenes que decir tu misa.

 

Walter Anestiades

   

   

 

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